EL FARO DE CEUTA, 26 de febrero de 2006 aume www.aume.org-

Pasan los años, cambian los tiempos y nos dejamos llevar por vientos de olvido, perdón y concordia. Quizás sea un rasgo inherente a la sociedad española y, tal vez, un deseo global de olvidar aquello que nos intento herir pero que solo dañó el momento y los ánimos. Y así, con un castigo que languidece en un perdón sutil, vamos pasando las páginas de la historia dejándolas manchadas de deshonor algunas, de tolerancia otras y de penoso olvido las que se forjaron con mas injusticia, con mas dolor y con mayor heroicidad, por la callada y austera entrega de aquellos que la escribieron.

Golpistas pasean por los campos cuidando hortensias y margaritas en una libertad que ni soñaron, pues otros hoy aún olvidados, la consiguieron finalmente con el precio de unas vidas furtivas. Los rebeldes al golpe militar de Franco, la resistencia a la dictadura franquista, siguen siendo los grandes olvidados en esas páginas de la historia que nos empeñamos en pasar como si nos hirieran las letras en ellas escritas.

Pero la historia sirve para aprender y además consolida la base de nuestro devenir y no podemos dejar de mirarla pues en el olvido está el no reconocer la piedra donde no se ha de volver a tropezar. Y en ese reconocer se encuentra el poder dar a cada una aquello que en justicia se merece y honrar a los que, gracias a ellos, se consiguió que España se congratule de ser una democracia que avanza en justicia y en derechos pese al retraso originado por aquellos que lo intentaron con el látigo y la espada.

Pero a ese olvido triste e injusto cabe añadir otro olvido más cercano, oscuro y peligroso. Este olvido es el de la forma de ser, y el funcionamiento de unas instituciones armadas, tan protagonistas de nuestra historia reciente, como lo son la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas.

Con el conocimiento que ya tenemos de lo acaecido por aquellos años, del intento de golpe de estado, y a falta de conocer toda la verdad, ya podemos extraer algunas conclusiones. Una de ellas, y muy lógica por no haber existido una purga democrática por entonces, es que parte de la cúpula militar de aquellos años eran los herederos directos del ejército ganador que subyugó a media España. La Constitución no entró en los cuarteles y una parte del Ejército continuó considerándose la institución tuteladora del estado; por supuesto tutelando según sus ideas.

Otra de las conclusiones, o simplemente, otros hechos revelados y que sorprendentemente casi no sorprenden, es que gran parte de los componentes de aquel entramado han campado a sus anchas libremente, y lo que es peor, muchos lo han hecho dentro de los cuarteles.

Aquel 24 de febrero se produjo una situación deshonrosa para la joven democracia española. Pudimos contemplar como de las Cortes salían unos criminales con una aureola de honor, por los gestos que se les permitió, en lugar de ser detenidos inmediatamente y puestos grilletes por la policía.

Pues bien, algunos de los artífices de aquella intentona y muchos de los que la secundaron, conocidos por el poder político y claro esta, también por los mandos militares y de la Guardia Civil, continuaron sus carreras. A lo largo de su carrera se les han impuesto condecoraciones por su “intachable” trayectoria y han llegado hasta el empleo de general. Hoy aún los tenemos entre nuestras filas y todavía algunos están pendientes del generalato permitiéndoseles mantener esa situación.

Algunos políticos se sorprenden de actuaciones y declaraciones como las del General Mena o algún que otro militarote por ahí. Los militares, en general, no lo están lo mas mínimo, pues están acostumbrados a ello intramuros.

Poco a poco hemos ido conociendo algunos entresijos del 23-f, gracias a algunas investigaciones, entre las que se encuentra la presentación de un documento que estos días da a conocer la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles), en soporte de DVD sobre los hechos de aquel día. Sabemos ya, que la mayoría de los componentes de la fuerza que entró en la Cortes fueron sutilmente engañados. Digo sutil, porque al amparo de la orden no cabe mas postura que la de obedecer, y ante un sistema que difícilmente puede delimitar la naturaleza de las acciones legales muy a pesar del artículo 34 de las RR.OO: “Cuando las órdenes entrañen la ejecución de actos que manifiestamente sean contrarios……..o constituyan delito, en particular contra la Constitución, ningún militar estará obligado a obedecerlas; en todo caso asumirá la grave responsabilidad de su acción u omisión”, es difícil delimitar el carácter de la acción, y así nos pudimos encontrar con la perplejidad en su acción de unos guardias y militares que no sabían si defendían a los de dentro de los de fuera, o a los de fuera de los de dentro; o simplemente eran conscientes de una acción que por el imperio de la “orden debida” y las armas, no podían evitar.

A día de hoy, la democracia sigue sin aparecer por los cuarteles. La Constitución apenas cubre su manto más que para organizar su misión y establecer su existencia, pero el funcionamiento de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil siguen siendo pre-constitucionales. Algunos de sus componentes, como ya sabemos, son anti-constitucionales, y han llegado y pueden llegar todavía a general.

¿Que podemos esperar pues de nuestro Ejército, de las acciones de sus mandos y de la situación profesional de sus componentes, cuando una institución tan importante está fuera de la democracia y tiene componentes claramente anti-constitucionales?

Se hacen muchos fuegos de artificio y como si de unos efectos especiales se tratase (f/x en el argot cinéfilo hollywoodiense), con presentaciones del Ejército como una gran ONG, con grandes puestas en escena en actos institucionales, con acciones casi decorativas de supuesta cohesión con la población civil, se quiere mostrar una imagen de ejército, avanzado, moderno, democrático (serás lo que tu quieras), y constitucional. Cuando, la realidad es que continuamente saltan a la palestra informaciones como el viaje del avión militar de Zaragoza con camareros; las declaraciones del General, del capitán o las cartas de los coroneles; el empleo de soldados como camareros–criados en un ágape de altos mandos recientemente en un cuartel de Granada; y un sinfín de informaciones que son únicamente la parte visible del iceberg de todas las anomalías, que por carencias de derechos, existen dentro de los cuarteles.

La verdadera concepción democrática de un ejército pleno de legalidad constitucional pasa, entre otros, por la verdadera y transparente democratización de los Consejos Asesores, por el reconocimiento y participación de las asociaciones profesionales en los ámbitos legislativos que afecten a los aspectos profesionales y sociales de sus componentes, y por una transformación de los órganos de justicia que se equiparen a los del resto de la sociedad.

Desde el 23-f hasta hoy, venimos asistiendo a actuaciones con “efectos especiales” que engañan y no muestran la realidad de unas Fuerzas Armadas aún preconstitucionales y con componentes en sus filas que además así quieren que sea.

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