Asociacion Unificada de Militares Españoles, 19 de junio de 2006
No están los militares hechos de una madera especial en cuanto a su biología y a sus condiciones psicofísicas en general. Bien es verdad que cuando decide formar parte de las Fuerzas Armadas el militar, lo hace por un interés profesional que pasa por presuponer unas especiales condiciones tanto físicas como mentales que el propio interesado admite. No obstante, esas condiciones quedan determinadas en la valoración que las propias Fuerzas Armadas realizan mediante los correspondientes exámenes en el proceso de selección para la incorporación a las mismas. Así resulta que, las condiciones de ingreso en las Fuerzas Armadas no dependen tan solo de una actitud valiente asumiendo unas condiciones psicofísicas que se pueden tener o no, sino de unas pruebas objetivas que determinan el verdadero alcance de esas facultades.
Es pues el propio Ministerio de Defensa, que es quien establece los requisitos de entrada en las Fuerzas Armadas, quien certifica la aptitud y las condiciones en que un militar comienza su carrera.
En los últimos años la problemática ocasionada por la baja incorporación de efectivos ha originado que, año tras año, las condiciones de entrada hayan ido variando de manera que las especiales aptitudes psicofísicas han pasado a ser muy normalitas e incluso inferiores a las exigidas en otros cuerpos oficiales. Con ello nos encontramos que la población que ocupa los cuarteles no tiene una condición especial (a no ser su actitud), que le sirva para asumir unas especiales condiciones de trabajo de forma distinta a como las asumiría cualquier otra persona no militar. Sin embargo sabemos que las condiciones de trabajo del militar son muy distintas a las de otros muchos colectivos, por ello no ha de sorprender el elevado número de bajas médicas que se dan en las Fuerzas Armadas. Lo que si sorprende es el penoso seguimiento que se realiza al personal de baja y el trato indigno al que se le somete en muchos de los cuarteles de nuestras Fuerzas Armadas.
Es un hecho la especial dureza de la vida militar, que además conlleva que durante muchos periodos de su actividad, maniobras, ejercicios internacionales, misiones, no cuente con una especial atención médica, psicológica y psiquiátrica. Si a sus especiales condiciones de vida, le añadimos las circunstancias de desarraigo y de falta de conciliación con la vida familiar, tenemos servidos el campo de cultivo para los desajustes emocionales que provocarán enfermedades de diversa índole. Por supuesto que a ello cabe añadir los accidentes que se producen en unas circunstancias de riesgo físico como las que padecen a diario numerosos militares, causantes también de variadas bajas médicas.
Pero lo que en este estado de cosas resulta curioso es que en muchas ocasiones de situación de baja médica, se le considera al que la padece, como un escaqueado que merece ser tratado con desprecio y con dureza.
Son muchos los casos en los que al paciente de baja se le increpa y se le empuja a que cese la baja y vuelva al trabajo. Las amenazas, sobre todo en el ámbito de la tropa profesional, son constantes esgrimiéndoles la próxima revisión del contrato y el cambio de actividad a otra más penosa, entre otras formas de intimidación. Si el militar de baja tiene la mala suerte de enfrentarse a un tribunal médico donde se le observe perdida de aptitudes psicofísicas no suficientes para el pase a retiro, entonces se le considera una especie de apestado, comenzando un calvario de reconocimientos médicos y de cambios de destino sin un apoyo mínimo por parte del ministerio.
Desde AUME estamos siendo testigos del insuficiente conocimiento que se tiene respecto a las normas que regulan las bajas temporales para el servicio por causas psicofísicas. Son numerosas las consultas sobre este tema las que nos hacen ver la falta de conocimiento del mismo, tanto por parte de quien padece una baja como de quien tiene potestad para acordarla.
Por otro lado, resulta desconcertante que la competencia para acordar la baja médica la tenga el Jefe de Unidad y no la Sanidad Militar.
Pero indignante es el hecho de que durante la convalecencia se obligue al interesado a pasar la misma en su residencia habitual o en la enfermería de su unidad, teniendo que solicitar permiso para pasarla en lugar distinto. Existen muchas quejas precisamente porque en muchos casos se deniega ese permiso. Tengamos en cuenta que el militar tiene una constancia de vida separada de la familia y es normal que solicite, en caso de baja médica, pasar la convalecencia cerca de los suyos.
Otro aspecto negativo de la normativa es el hecho de que en caso “de discrepancia entre el informe médico de la Sanidad Militar y el del facultativo que le corresponde al interesado en el ámbito de la prestación sanitaria ajena a la Sanidad Militar, será determinante el realizado por la Sanidad Militar”. O sea, que es determinante el informe de un médico que desconoce al paciente ante él de su médico de toda la vida.
Pero un aspecto denigrante y casi común en todos los procesos de baja médica es la insistencia de los jefes de unidad en que el parte de solicitud de baja tenga que entregarlo en persona, en su unidad de destino, el propio interesado. No resulta ya nada extraño ver a un soldado con muletas subiendo escaleras en su unidad con la solicitud de baja, o de continuación de la baja, en la boca. ¿No se fía el jefe de unidad de los dictámenes médicos y tiene que hacer él su valoración visual? ¿En caso de accidente durante el desplazamiento a la unidad para la entrega de una solicitud de baja, se le considera en acto de servicio?.
Todo esto se enmarca en una Instrucción de la Subsecretaría de Defensa que, en términos generales, trata al enfermo como sospechoso de estar cometiendo un fraude, sitúa a los jefes de unidad casi por encima de los dictámenes médicos e infiere un trato vejatorio al paciente.
Una vez mas vemos al militar, “por cuyos intereses vela el Estado”, como recibe un trato indigno como ciudadano y como no se le tienen en cuenta esas condiciones especiales de vida que tanto se cacarean desde altas instancias del ministerio adulando a las Fuerzas Armadas, sin que esa sensibilidad se refleje en una atención específica y especial sobre el militar.
Hora es ya de cambiar esa normativa indignante y vejatoria. Mientras tanto la AUME seguirá informando y poniendo en conocimiento de los militares los derechos que dicha norma esconde y que se desconocen en gran medida por quien tiene la desgracia de padecer una baja médica.
-AUME-