Diario El Mundo, 15 d Julio de 2006, MARlSA CRUZ,MARÍA JESÚS MOLlNA
MADRID/SANTANDER.-
La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) reclamó ayer al Gobierno que otorgue la consideración de víctimas del terrorismo a los soldados que sean objeto de ataques en la misión de Afganistán.
La petición de AUME se produce apenas una semana después de que una mina anticarro estallase al paso de una patrulla española en la zona de Bakua, región de Farah, situada al oeste de Afganistán, matando al soldado Jorge Arnaldo Hernández e hiriendo a otros cuatro militares más.
La asociación de militares considera que el riesgo en Afganistán ha aumentado considerablemente, sobre todo desde que la misión de la OTAN (ISAF), en la que participa España, decidiera la extensión de sus actividades hacia el este y sur del país, las zonas más peligrosas en las que hasta ahora han actuado las tropas de EEUU en el marco de la operación Libertad Duradera.
Por su parte AUME insiste en su «preocupación por la seguridad» de los miembros de las Fuerzas Armadas que prestan servicio no sólo en Afganistán, sino también en el Congo. En este sentido, demanda un incremento de medios blindados, la mejora de los servicios de inteligencia, una normativa clara sobre las reglas de enfrentamiento y un aumento del actual contingente.
Esta última petición fue descartada ayer por el jefe del Estado Mayor de la Defensa;general del Ejército Félix Sanz, Roldán, quien durante su participación en uno de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander), aseguró que, a dos años vista, Defensa no tiene prevista ninguna ampliación del número de soldados desplegados en Afganistán, aun cuando la OTAN ha decidido aumentar los efectivos de ISAF hasta los 26.000 hombres. España actualmente mantiene en Afganistán un total de 690 militares.
«De momento», dijo, «no hay ninguna intención de ampliación, ni los comandantes sobre el terreno han propuesto un aumento del contingente». El Jemad también recalcó que la misión de las tropas españolas en aquel país es de paz y reconstrucción e insistió en que no hay ninguna previsión de cambiarla. «Nuestro cometido», aclaró, «es
prestar asistencia al Gobierno local para mantener la seguridad en la región, facilitar la extensión del control de los dirigentes y apoyar la reconstrucción y la ayuda humanitaria». Sanz Roldán explicó también que el Ministerio de Defensa ha gastado, desde diciembre de 2001, un total de 780,6 millones de euros en Afganistán.
En las demandas que hizo públicas ayer la Asociación Unificada de Militares Españoles, se incluye también el establecimiento de mecanismos de apoyo psicosocial a los militares que retornan de la zona de operaciones y a sus familias.
Para esta asociación de militares resulta imprescindible que cada vez que se decida la participación de las Fuerzas Armadas españolas en misiones fuera del territorio nacional, se proceda a un «debate más intenso y detenido» que el que se ha realizado hasta ahora en sede parlamentaria y que se proporcione a los grupos parlamentarios más datos y de mejor calidad respecto a los riesgos que se corren, la problemática de los países a los que se acude, las misiones concretas a desarrollar, el tipo de insurgencia a la que se enfrentarán las tropas, así como las condiciones de vida, infraestructuras y seguridad de la zona. De no ser así, advierte Aume, la autorización parlamentaria que establece la nueva Ley de la Defensa Nacional «puede convertirse en un mero trámite».
En relación con el incremento del riesgo en Afganistán, el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, desmintió que dos helicópteros españoles fuesen atacados el pasado sábado cuando acudieron en auxilio del convoy español víctima del atentado de Farah.
El ministro explicó que, tras la explosión de la mina anticarro, los helicópteros se trasladaron a la zona para proceder al rescate de los soldados. Durante el trayecto, a unos 50 kilómetros del lugar del atentado, se produjeron dos ráfagas de metralleta pero ninguna de ellas «ni por ángulo de tiro ni por distancia» pudieron ser consideradas como un ataque.