LA RAZON.Mariano Casado, Secretario General de AUME, 7 de octubre de 2007.
La Ley de la Carrera Militar del Gobierno no va a servir para mejorar la situación de nuestras Fuerzas Armadas. Como consecuencia de haber sido elaborada sin consenso y sin haber llevado a cabo audiencia alguna entre los militares, la norma va a generar graves problemas que afectan a todas las escalas que actualmente conforman los ejércitos.
Los suboficiales salen mal parados de la reforma. Este grupo ha sido olvidado en todas las modificaciones legislativas producidas y, ahora -si no se modifica o detiene el proyecto- quedarán en un espacio profesional complicado. Es notorio cómo se ha impedido o, al menos dificultado durante décadas, el ascenso de los suboficiales a oficiales, pese a haber sido unas de las razones de reformas anteriores.
El tapón que se produce en la parta alta del escalafón de suboficiales es inquietante. Sin embargo, la ley proyectada no lo afronta. Lo que es peor, su aprobación supondrá un agravamiento del problema.
En esta dirección, el aumento de la edad de pase a la situación de retiro hasta los 61 años, hará que la escala de suboficiales esté superpoblada y que, por ello, se resienta uno de los pilares básicos para la plena operatividad y eficacia de las Fuerzas Armadas. Esta escala está avocada al envejecimiento y a ser causa de múltiples frustraciones profesionales. La idea de que los suboficiales veteranos deban ser reorientados hacía la realización exclusiva de funciones de gestión y logísticas es descabellada y ofensiva para quienes, por edad y por dedicación, deberían ser tratados con un mayor acierto en la elección de los destinos finales de su carrera militar.
En la práctica, esta configuración de los suboficiales supone acabar con las legítimas posibilidades de promoción profesional de éstos, promoción que, en lo que se refiere al cambio a la Escala de Oficiales, queda sin diseño real alguno.
El problema afecta a los Militares Profesionales de Tropa y Marinería. No en vano muchos de ellos deberían desarrollar su carrera militar integrándose en la Escala de Suboficiales. Pero la saturación de la escala les impedirá una verdadera y digna promoción. Añádase a esto la falta de adecuación y reconocimiento a la trayectoria profesional del soldado y del marinero y su discriminación social y económica y la falta de proyección y reconocimiento profesional que afecta a los militares que han alcanzado la permanencia.
El horizonte que se vislumbra en el caso de que sea aprobada la Ley es negativo. Y todo como consecuencia de no escuchar a los destinatarios de la norma y a las asociaciones que representan los intereses legítimos de muchos militares y, en esta ocasión, al interés general: Unas Fuerzas Armadas profesionales, operativas y eficaces al servicio de los españoles.