ASOCIACION UNIFICADA DE MILITARES ESPAÑOLES, 28 de mayo de 2006
Un año mas asistimos a una celebración de exaltación de las Fuerzas Armadas en pleno apogeo de actuación de las mismas en muy diversas operaciones y misiones dentro y fuera de España y en pleno cambio normativo y de redefinición de su carácter y de su forma organizativa..
El espíritu del evento ha ido variando conforme la situación política y social del país ha evolucionado en las últimas décadas. En tiempos de la dictadura este acto consistía en mostrar a la sociedad la fuerza que tenía el dictador en sus manos para que nadie osara levantarse contra el sistema. Se le denominó durante mucho tiempo el desfile de la victoria, si claro, de la victoria de unos españoles sobre otros. Hay quien dice que hemos de dejar la historia de lado y no tenerla presente olvidándonos de lo pasado; el dictador tuvo a los españoles en continuo recuerdo, durante cuarenta años, de dónde veníamos y porque estábamos así, y si a alguien se le olvidaba ahí estaba el desfile de la victoria para recordárselo.
Con la Transición no se supo como hacer con las Fuerzas Armadas en señalados días de fiesta militar y se optó por realizar desfiles a la tradicional usanza de los países del este, demostrando el “poderío” al exterior para su consideración.
Y ya en pleno auge democrático los políticos cayeron en la cuenta (se lo pusieron fácil los intentos golpistas y en general los ruidos de sables), que estaban dejando de lado a una institución que aún mantenía fuertes lazos con el pasado reciente, y se optó por una especie de confraternización entre las Fuerzas Armadas y la población. Se señaló un Día de las Fuerzas Armadas y se realizaban variadas actuaciones, en días anteriores, donde jornadas de puertas abiertas, demostraciones, exhibiciones, exposiciones, acercaban al ciudadano a sus Fuerzas Armadas.
Con las misiones internacionales los distintos gobiernos tuvieron fácil la publicidad de los cambios que estaban generando en la institución militar, modernizándola en sus misiones, y en su forma de actuación como institución armada de un país democrático, que expande allende sus fronteras la paz, la democracia y la humanidad. Quizás a algún político se le paso por la cabeza que esa era buena forma de tener entretenidas a las tropas al tiempo que por la propia naturaleza de las misiones se reconvertían sus espíritus “antiguos”. Sólo quizás.
Y justamente cuando desapareció el tan temido servicio militar obligatorio fue cuando la población comenzó a asumir esa nueva modernidad en el espíritu de sus Fuerzas Armadas. Es curioso que fuera la propia población, (en fin, solo la masculina), la que formaba parte de la propia institución y sin embargo la lejanía entre ambos era evidente. Sería precisamente por ese conocimiento real y directo, que un ciudadano lo percibía como persona despojada de una parte esencial de su ciudadanía. Con la profesionalización al militar se le considera como a un trabajador más en su ámbito y así la ciudadanía lo percibe como una pieza más del entramado del estado pudiendo valorarla más objetivamente.
Las Fuerzas Armadas como institución han conseguido salir a flote del hundimiento provocado por cuarenta años de dictadura. Tras la Transición consiguieron un nuevo estatus que poco apoco continua aumentando en su valoración positiva por el resto de la sociedad. Pero las Fuerzas Armadas no son las personas que las integran. Los soldados y marineros son parte de la institución pero hay una parte de ellos que no es de las Fuerzas Armadas. Parte de su persona tiene una componente social, como cualquier otro ciudadano, apartada totalmente de su trabajo y de su entrega mientras lo efectúa. Esa parte de persona-ciudadana se encuentra constreñida entre los muros de los cuarteles.
A la ciudadanía se le ha conseguido acercar a sus fuerzas Armadas y hacerlas suyas pero al militar aún no se le permite llegar a la ciudadanía. Esa pretensión de todos los gobiernos democráticos de tratar de cohesionar al ejercito con el resto de la sociedad se ha conseguido plenamente en un sentido pero falta el sentido contrario él de el militar hacia la sociedad y este solo se conseguirá haciéndolo ciudadano normal, como ha de ser por derecho.
Hoy veremos desfilar orgullosos, nosotros, a nuestros soldados y marineros que tan buen nombre dan a la institución y tan buen trabajo realizan adquiriendo esa alta consideración que para tan poco les sirve fuera del cuartel. Lo que no sabremos es lo que irán pensando muchos de esos militares que tienen ya en mente la problemática que les acarreará la próxima misión a realizar en Kosovo, Bosnia, Afganistán, Kirguizistán, Congo o Cabo Verde. ¿Quién ayudará ahora a la familia? ¿Quién se hará cargo de los problemas que surjan? ¿Podré comunicar con mi familia estando de misión? ¿Y, en los traslados forzosos o por ascenso, que pasa con el colegio de los niños? ¿Y con mi hijo discapacitado? ¿Y en la misión, tengo médicos y sicólogos que me ayuden? ¿Y tendré ayuda jurídica en caso de algún problema durante la misión?
Y alguno también puede que vaya preguntándose mientras desfila, como es posible que quieran establecer el componente general del complemento específico (retribuciones pendientes de subida para el año próximo) en base al empleo (jerárquico) y no a la penosidad y peligrosidad del puesto de trabajo objeto de lo que se pretende retribuir; ¿Será que quieren cobrar mas, por este concepto, quien mas alta graduación tienen?
Pero también habrá quien se pregunte como es posible que podamos ir a tantas misiones si faltan efectivos. Hay militares que en menos de un año repiten misión. Hay barcos parados por falta de marineros. En muchos destinos se tiene mas de una “boina” sinónimo que trabajas lo que debería realizar mas de una persona.
La sociedad conoce el buen funcionamiento de cara al exterior de sus Fuerzas Armadas pero no conoce de su problemática y del esfuerzo personal que supone hoy por hoy el mantener esa profesión.
El militar no está integrado aún en la sociedad pues se le mantiene como ciudadano de segunda. No le sirven de nada los honores y los vítores, ni siquiera la satisfacción del deber cumplido si la sociedad le da la espalda en su tratamiento como un ciudadano mas. Los honores y los vítores junto con las chaquetas chapeadas no le ayudan a solucionar los problemas de la falta de conciliación de su trabajo con su vida familiar y social.
Hoy la sociedad celebra el día de sus Fuerzas Armadas. Los militares hoy sufren ser parte de sus Fuerzas Armadas y estar considerados ciudadanos de segunda.
-AUME-