EL FARO DE CEUTA, AUME, 26 DE diciembre de 2005,
Feliz se las prometía aquel soldado cristiano que, durante el mes del Ramadán, efectuaba las guardias que correspondían por ordenanza a los soldados de creencia musulmana, eximidos entonces de tan gran honor, sabedor que durante las Navidades no tendría problema alguno con las guardias, pues en justa correspondencia los soldados musulmanes las cubrirían. ¡Infeliz! Ahora ya aquello no cuenta.
En aplicación de las RR.OO., como Dios, o Alá, mandan, las guardias se montarán basándose en el principio de equidad y se asignarán entre los incluidos en cada turno que estén presentes en la unidad a la hora de efectuar el nombramiento. O sea, que ahora en Navidad las guardias se deben nombrar entre TODOS los presentes en la unidad, como debería haber sido durante el mes del Ramadán.
Pero el caso es que no fue así, durante el Ramadán los soldados de creencia cristiana efectuaron guardias correspondientes a soldados de creencia musulmana. Entonces alguien cometió una falta, que fue eximir de una prestación de guardia a soldados por motivos de su creencia religiosa. Ahí es nada.
Esto está ocurriendo en España con una Constitución que garantiza la igualdad en un estado aconfesional, y quien ha permitido u ordenado tamaño desaguisado andará por ahí probablemente como si nada hubiera pasado, yendo a su misa de los domingos ¡como Dios manda!
Esto es de una gravedad superlativa. Se están dando PRERROGATIVAS RELIGIOSAS; ¿a cambio de algo? Sería lógico pensar en el establecimiento de un sistema de guardias y vacaciones que beneficie a todos y eso no es difícil hacerlo. Pero con lo que nos estamos encontrando, en vista de los hechos, es que se discrimina a unos fieles de una religión en favor de los de otra.
Se han vulnerado derechos efectuando una “discriminación positiva” para tener contento a un colectivo que está dando números al ejército y por tanto al que hay que “premiar”. El mal está hecho pero, en justicia, hay que resarcir a los que lo sufrieron y ahora les debería tocar a ellos beneficiarse de esa discriminación positiva en trato justo para ellos y para sus familias.
Estos hechos lejos de ser aislados constituyen parte del entramado libertino que el Ministerio permite ayudando a propagar así el establecimiento del cortijo.
El PSOE en su programa electoral estableció el siguiente compromiso:
“ UNA NUEVA POLÍTICA DE SEGURIDAD Y DEFENSA”
“Para ello ofreceremos una política de defensa basada en tres ejes fundamentales:
…
La transformación de nuestras FAS, desarrollando un nuevo modelo realista de profesionalización basado en la calidad y estructurado de acuerdo con las necesidades tecnológicas, la modernización y organización de unos ejércitos para el siglo XXI. Se aprobará un Plan Global de Calidad de Vida y un servicio de Apoyo al personal de Defensa, así como una Ley de Derechos y Libertades del personal militar y los mecanismos efectivos para garantizar su ejercicio”.
La transformación de las FAS ha comenzado, al menos, en cuanto al proceso normativo se refiere. La Ley Orgánica de la Defensa establece un sinfín de misiones nuevas para el Ejército aunque en la práctica algunas ya se venían efectuando desde bastante tiempo atrás. Lejos de estructurar y vertebrar el ejército con un canon de modernidad esta ley lo que más trae es trabajo nuevo para los militares y sin embargo no dice como ni de que manera se formará al personal para los cometidos de esas nuevas misiones.
Otra ley, ansiada por toda la tropa y marinería españolas, es la Ley de Tropa y Marinería. Esta Ley que en estos días está en su último tratamiento antes de ser aprobada, (ahora pasa al Senado), viene a traernos prácticamente más de los mismo. Lejos de haber conformado un verdadero marco legal para la creación de una carrera militar del soldado o marinero, fin último de una verdadera profesionalización, trae más incertidumbre para la persona en su paso por el ejército e inestabilidad en el empleo, características propias de cualquier trabajo temporal. Así el soldado o marinero siempre se encontrara supeditado a la firma de nuevos compromisos y a la espera de las vacantes para tropa permanente lo que harán de él un elemento proclive al servilismo, a tragar con lo que sea y a no dar problemas en el ámbito de la reclamación de sus derechos, pues es mucho lo que se juega, él y su familia, si no consigue el siguiente contrato o el pase definitivo a tropa permanente.
Ahora empezará a tramitarse la futura Ley de Derechos y Libertades del personal militar que no nos inspira mucha confianza en sus últimos fines.
Vemos que, lejos de la promesa electoral de transformación de las FAS en un modelo de profesionalización basado en la calidad y moderno en su estructuración, (¿cabe aquí la democratización interna?), se está consiguiendo tener mas de lo mismo, tratando de garantizar que las cuentas con respecto a las plantillas cuadren y dotando a ese modelo de unas nuevas misiones que enganchen al futuro militar de forma que, una vez dentro del sistema, se verá sometido a la dinámica del empleo temporal.
Las promesas electorales se desinflan con el paso de las mismas por la cúpula ministerial. Y el espíritu que las inspiró se convierte en el espíritu del ya caduco sistema que, lejos de desvanecerse y dar paso a la realidad social, se empeña en mantener un estatus y unos ciertos privilegios que avaramente protege, sin permitir que la modernización y la democratización conformen esa nueva realidad dentro de los cuarteles.
Hechos como los de las guardias en el Ramadán y en Navidad son indicadores, entre otros muchos, de lo lejos que se encuentran nuestros legisladores de una realidad que aún habiendo previsto el cambio en su programa electoral, sucumben día a día a un poder fáctico al que parecen temer. Y mientras tanto el soldado español seguirá sufriendo las inclemencias del sistema sea Navidad o Ramadán.