L. C./ABC , 21 de marzo de 2006
MADRID. No habrá más que brigadas en el Ejército de Tierra. Las Fuerzas Armadas españolas procederán a la «disolución» como tales de las tres Divisiones actuales -la Mecanizada «Brunete», la Fuerza de Maniobra (FMA) y la Fuerza de Acción Rápida (FAR)– y a la redefinición «en cantidad y calidad» de sus unidades, todo ello con el objetivo de configurar entidades más flexibles que puedan operar modularmente y adaptarse así a las nuevas misiones propias del moderno escenario estratégico internacional. De este modo, la brigada se convertirá en la unidad básica de organización de la Fuerza, entendida, por tanto, como una unidad polivalente capaz de asumir con cierta autonomía cualquier misión de combate en conflictos de la más diversa fisonomía.
La decisión, confirmada a ABC por fuentes del Ministerio de Defensa, forma parte del ambicioso «Plan de Transformación de las Fuerzas Armadas» que ya está sobre la mesa de José Bono pendiente de aceptación. Un plan a 15 años que supondrá la primera gran revolución de la institución militar desde la profesionalización, y que, no obstante, irá mucho más allá de un retoque de estructuras para introducir cambios también en la doctrina, el adiestramiento, el armamento, material y equipos, el liderazgo y la enseñanza o las infraestructuras. Así, por ejemplo, afectará también al número de niveles jerárquicos en la cadena de mando, que serán reducidos, y diseñará, entre otros, la eliminación de estructuras redundantes.
Nuevos riesgos, menos tropa
Prevista ya en la Revisión Estratégica de la Defensa -en la que se ordenaba que «las Fuerzas Terrestres deberán tener mayor capacidad de proyección y despliegue, movilidad táctica y capacidad resolutiva»- la transformación que viene tiene mucho que ver con la «necesidad» de adquirir la flexibilidad que requiere el escenario de riesgos y amenazas nuevos, pero también con la de ajustar los esquemas al tamaño real de un Ejército de Tierra que, a fecha 1 de enero de 2006, contaba con un volumen de efectivos de 76.508, incluidos los 25.512 cuadros de mando. Una de las cifras más altas alcanzadas tras el fin del servicio militar obligatorio -gracias a las 3.300 incorporaciones netas logradas durante el pasado año-, pero en todo caso muy alejada de las cifras que preveía la profesionalización.
Frente a la «permanente frustración» que, en palabras del jefe del Estado Mayor de la Defensa, general Félix Sanz, producía la imposibilidad de alcanzar los objetivos de reclutamiento, los Ejércitos de la «transformación» tendrán ya sus estructuras pensadas para números verdaderos: 85.000 soldados y marineros en total, y no 110.000 como se fijó en 1999.
Aunque Tierra será el Ejército más afectado por la transformación en marcha, el plan también provocará reorientaciones en la Armada, -con el fin de que su Flota, hoy de naturaleza oceánica y antisubmarina, se convierta en una fuerza de proyección litoral y sobre la costa- y en el Ejército del Aire, donde se insiste en la dotación de elementos de ataque de precisión y en la incorporación de medios de transporte para el despliegue de fuerzas.