CORDOBA, 1 Nov. (EUROPA PRESS) –
El Gobierno central denegó al sargento de Infantería Sergio Santisteban, residente en Córdoba y herido en la guerra de Irak, el reconocimiento como víctima del terrorismo después de que el soldado lo solicitara al no recibir tampoco un documento oficial donde lo identifique como víctima de una acción de combate.
Según el escrito del Ministerio de Presidencia, al que Europa Press ha tenido acceso, «no ha quedado acreditada la condición de Santisteban como herido en un atentado terrorista, condición indispensable para la concesión de la condecoración solicitada», a pesar de que el sargento sufrió el 11 de febrero de 2004, en Ad-Diwaniyah (Irak) un ataque por medio de una granada de mano lanzada desde la ventana de un hotel.
Sobre la resolución del Gobierno, la mujer del sargento, Toñi Ortigosa, señaló que «se sabe que el fundamento de que los militares españoles fueran a Irak se sigue sabiendo que era a luchar contra el terrorismo y lo de la ayuda humanitaria que se lo cuenten a otros».
Sin embargo, Santisteban después de casi ya dos años de lo sucedido, continúa esperando que por parte del Ministerio de Defensa se realice un reconocimiento por su participación en una acción de combate porque, según manifestó Toñi «mi marido ha estado en la guerra aunque el Estado no lo quiera reconocer». De este modo, lamentó igualmente que el 29 de abril de 2004 se procediera a la disolución de su Unidad sin que se hiciese mención alguna a los heridos en ese ataque.
Por ello, el 18 de febrero de 2005 el sargento y su esposa se citaron con el ministro José Bono donde el Gobierno se comprometió a iniciar una investigación de lo sucedido y revisar los expedientes de solicitud de recompensa para todos los hombres y mujeres que el 11 de febrero de 2004 formaban la patrulla que fue atacada en Ad-Diwaniyah.
Según explicó la mujer del sargento, «mi esposo acudió a la reunión bastante ilusionado pero cuando por petición del ministro le enseñó las heridas causadas por el ataque y al verlas comentó que ya estaban cerradas, mi marido le tuvo que contestar indignado si quería que viniera chorreando sangre después de más de un año».
Tras lo sucedido con Bono, a Toñi Ortigosa le pareció que el trato que había sufrido su marido «no había sido el adecuado con preguntas imbéciles e impropias para un ministro». Asimismo, a Ortigosa le sorprendió el interés de Bono por si había acudido a la prensa para contar lo sucedido con su marido.
Pasado ya un mes de esta entrevista, la pareja observó que las investigaciones prometidas no se estaban llevando a cabo lo que ocasionó al sargento «una caída en picado» desembocando en un accidente suicida con su coche particular producido por una mezcla de medicación y alcohol «puesto que su situación le llevó también al consumo diario de aproximadamente diez litros de cerveza diarios, triplicando así los efectos del síndrome de estrés post-traumático que sufría y al que muchos especialistas en el caso de militares suelen denominar ‘Síndrome del Vietnam'».
Ante tales hechos, sumado además a la falta de respuesta por parte del Gobierno, la esposa del sargento decidió acudir el pasado 20 de junio al Defensor del Pueblo en Madrid donde la entonces responsable en funciones, María Luisa Cava de Llano, se comprometió a iniciar el expediente para estudiar el caso.
En cuanto a las lesiones sufridas por Santisteban destacan graves heridas en uno de sus brazos de donde se le sustrajo restos de metralla. Además la explosión le produjo una perforación del tímpano en el oído izquierdo que no fue detectado durante los cuatro días que permaneció ingresado.
Otro dato que denunció Ortigosa fue el que a pesar de que se solicitó la repatriación urgente del soldado a España, ésta no se produjo hasta los 14 días del ataque, a pesar de que el avión que se encargaría de su traslado estaba previsto dos días después del mismo.
Finalmente, el 26 de febrero de 2004 llegó a España y fue trasladado al Hospital Militar Góme Ulla, en Madrid donde a causa de la mala atención médica que sufrió solicitó el alta voluntaria y se trasladó por sus propios medios a Córdoba donde fue intervenido en varias ocasiones en la Cruz Roja para reconstruirle el brazo.