EL MILITAR DESACTIVADO

El trabajador que ha cumplido el horario laboral, cuenta a partir de ese momento con total libertad para disponer  de su vida hasta su próxima incorporación al trabajo[…]Pero en un colectivo como el militar esto no ocurre

Son muchas las profesiones que demandan una dedicación especial en cuanto a una extensión de su jornada laboral normal, lo que supone que los profesionales que las ejercen deben tener una obligada predisposición de  estar atentos a una posible incorporación rápida a su puesto de trabajo por múltiples motivos. Estas profesiones se  encuentran tanto en colectivos de funcionarios como en otros en la empresa privada, siendo de distinta índole o carácter y de muy variada tipología. En los lugares de trabajo donde se desarrollan aquellas podemos apreciar,  como norma general, que  cuentan con   unos servicios de guardia o alerta con un número determinado de efectivos que sirven para atender los imprevistos que puedan surgir, estando el resto del colectivo atendiendo a sus asuntos personales o en su descanso fuera del puesto de trabajo. Claro está, que existen algunas excepciones, como pueden ser, entre otras, los cargos públicos que ocupan los políticos, cuya labor normalmente es intransferible. Pero, en la mayoría de los casos, esos retenes, guardias o grupos de contingencias, están creados para no tener que implicar al resto del colectivo en imprevistos que puedan solucionarse o amortiguarse hasta que el resto del personal se incorpore a sus tareas laborales. Es decir, que mientras un colectivo laboral está desactivado, sin ejercer sus cometidos habituales, puede haber una  parte del mismo que continúe activado.

 

   El trabajador que ha cumplido el horario laboral, cuenta a partir de ese momento con total libertad para disponer  de su vida hasta su próxima incorporación al trabajo en su turno o al día siguiente, dejando a un lado la normativa interna por la que se rige mientras ocupa su puesto de trabajo. Pero en un colectivo como el militar esto no ocurre. Parece que el uniforme lo sigue portando aún fuera del cuartel, cuando se está dedicando a sus facetas personales no laborales.

 

   Por supuesto que en los cuarteles militares también existen servicios y guardias que no sólo  mantienen en alerta a las unidades sino que, en cierto modo, dan una continuidad a la actividad propia  de las mismas. Lo que ya no resulta tan obvio es que los militares que se encuentran  fuera de la jornada laboral, sin formar parte de esas guardias y servicios, continúen con una cierta actividad que les hace mantener el estatus de militar con todas sus consecuencias.

 

   Los tiempos pasan y la sociedad se pliega a las nuevas formas de convivencia, articulándose de forma que resulte eficaz el desarrollo de las personas como ciudadanos. Crecemos dándonos nuevos modos de vida, nuevas metas y nuevos progresos en el ámbito de lo humano. Nos dotamos de nuevas normas que faciliten la convivencia en los nuevos marcos y que garanticen el desarrollo personal en los mismos.

 

   Todo ello lo podemos ver, en mayor o menor medida, en las sociedades que constituyen el mundo occidental. Así se está erigiendo Europa y así procuramos que sea en España. Sin embargo el ejército continúa anquilosado en impedir el desarrollo del militar como persona, como ciudadano.

 

   Es cierto que sabemos de dónde procede mucho de lo que hoy tiene aún de negativo el militar como tal. Algunos hechos de la no muy lejana historia del ejército lastran el progreso que se ha de dar también en el seno de las Fuerzas Armadas y convierte al militar de hoy en víctima de los errores del pasado. Entre otros muchos factores se encuentra el estigma  que el militar porta manteniendo su “activación” durante las veinticuatro horas del día, como si continuara  ejerciendo como militar fuera del horario laboral. Ello origina que sus relaciones personales fuera de los cuarteles las lleve a cabo con un comportamiento tal que hace suponer que el régimen interno del cuartel continúa fuera del mismo y que el régimen disciplinario continúa aplicándose en esa situación.

 

   El resto de la sociedad así parece también percibirlo. A las actuaciones de los militares como ciudadanos fuera de los cuarteles siempre se les antepone su condición profesional como militar, cosa que con otros colectivos no suele ocurrir.

 

   Europa cambia, la sociedad española ha cambiado y el ejército también; su organización, sus misiones y su razón de ser ya poco tienen que ver con lo que era hace treinta años. La última Directiva de Defensa define muy claramente el nuevo “hecho militar” quedando plasmado muy elocuentemente en la nueva Ley de Defensa. Los nuevos escenarios de posible confrontación han impulsado a unir conceptos de defensa y seguridad obligando a nuevos planteamientos organizativos. Pero al mismo tiempo se ha avanzado también  en la sociedad de los ciudadanos, donde los derechos fundamentales de las personas cobran una renovada importancia trascendiendo cualquier otro ámbito. Así se establece en la Declaración de los Derechos Humanos, que España ha asumido y así lo ha reconocido en su marco constitucional.

 

   Al ciudadano se le reconoce el derecho a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad. Se le reconoce el derecho a ser igual que los demás. Ninguna condición laboral puede trascenderle menoscabando o truncando estos derechos fundamentales.

 

   Por ello tenemos que acostumbrarnos a ver en el militar las dos facetas con las que vemos a cualquier otra persona trabajadora; su expresión como trabajador y su expresión como ciudadano. El militar tiene unas especiales connotaciones en el desempeño de su actividad laboral mientras se encuentra “activado”, pero éstas desaparecen cuando termina su jornada laboral y se “desactiva” como tal. Esas especiales connotaciones incluyen una posible activación fuera de  los horarios normales de trabajo, pero no es un hecho demasiado corriente. La posible actividad que requiera de una activación inmediata sólo tiene justificación cuando la defensa nacional esté en peligro o cuando surge una operación no prevista, pero aún en estos casos, sabemos ya por experiencia que son semanas el tiempo que se necesita para organizar las misiones, por lo que no se ha de abusar de activaciones del militar cuando se encuentra en sus periodos de “vida personal”.

 

   El militar desactivado es un ciudadano más con todos los derechos que la Constitución le reconoce. Su desarrollo personal no puede verse interferido por una mala interpretación de su condición de militar, ni que le hagan sufrir restricciones  por normativas que trascienden su ámbito laboral e intentan truncar su condición de ciudadano.

Comparte esta publicación

Artículos

relacionados

AUME DENUNCIA IU FORN

NOTA DE PRENSA AUME DENUNCIA A IU FORN ANTE EL FISCAL GENERAL

RELIGION EN LAS FAS ACONFESIONALES

Asociación Unificada de Militares Españoles, 25 de junio de 2006 Estos días

CARTA A UN REGULAR DE HONOR

12 de noviembre de 2006  Carta para un ex-ministro anti-sindicalista y para todos