EL SUBOFICIAL SUB-VALORADO

El Faro de Ceuta
El Proyecto de Ley de la Carrera Militar viene a dar al traste con la esperanza que tenían los suboficiales
de conseguir un mayor reconocimiento de esas capacidades adquiridas de una u otra forma. Apenas se dice nada de cuál será su desarrollo profesional en el perfeccionamiento y en su proyección. ¿Qué hay de su promoción a cuerpos superiores?.

Del concepto de disciplina militar, fácilmente, por abstracción, se llega a la figura del Suboficial, que encarnada en el empleo de Sargento, surge como elemento impertérrito que la garantiza, la cultiva y la hace imperar.
 

   A los ciudadanos no les pasa desapercibido que la culta y refinada orden que da el Oficial se convierte en abrupta acción cuando, para hacerla cumplir,  la transmite el Suboficial. Este tópico militar, lo es en cuanto que la cultura popular de la ciudadanía en general sigue manteniéndolo a través de los años, sin una actualización que refresque el conocimiento adquirido por los que en su día tuvieron un contacto directo con lo militar, y han dejado el poso en la sociedad ayudados por el cine, el cómic y los dichos y chistes populares entre otros, sin tener ya presentes las actuales cualidades de dichos profesionales en cuanto a su preparación, alta especialización y nuevas funciones y responsabilidades.

 

   Esa imagen un tanto peyorativa del Suboficial como elemento implacable  de la acción del mando que vela por el cumplimiento estricto de lo ordenado, se contrapone con la realidad de esta figura que, incluso en algunas ocasiones, llega a contrariar a quien es desconocedor de su realidad, llevándole a pensar  que algunos suboficiales han desvirtuado su expresión. La gran especialización a la que se ha visto sometido el Suboficial, no tanto por efecto de buenas políticas de formación, que no las ha habido, sino por una necesidad imperiosa  de suplir las propias carencias del sistema, más la necesidad natural de la progresión del militar en la actualización de sus conocimientos para llevar a cabo nuevos cometidos, ha desvirtuado clara y positivamente la imagen tradicional del suboficial.

 

   La realidad nos lleva a que estos funcionarios del Estado han tenido un proceso de especialización tal que les sitúa claramente lejos del encasillamiento en el que se les tenía. Pilotos de aeronaves, técnicos en explosivos y su desactivación, controladores del tráfico aéreo, son ejemplos  muy claros (por su similitud con las profesiones civiles), entre muchos otros, del alto nivel de cualificación que pueden llegar a alcanzar. Pero a pesar de la cantidad de especialidades que el propio sistema puede ofrecer al militar, existe otra faceta a tener en cuenta en el desarrollo de su profesión; esto es, todas aquellas actividades que el Suboficial desarrolla en virtud de los conocimientos adquiridos fuera del ejército y por sus propios medios. Suboficiales técnicos informáticos de todos los niveles, abogados, psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, ingenieros… . Un gran número de ellos con muchas otras  titulaciones que son adquiridas de forma particular son utilizados por el ejército en funciones relacionadas directamente con esos estudios sin que tengan a cambio compensación de ningún tipo, ni remunerativa ni de reconocimiento oficial. Otro caso claro ocurre con el personal que adquiere por cuenta propia conocimientos idiomáticos; oficializa sus conocimientos para poder optar a algún puesto, pero luego esos mismos conocimientos se le pueden volver contra él pudiendo ser destinado forzoso en función de los mismos.

 

   El suboficial, no es ya sólo un transmisor de órdenes y vigilante de su realización, sino que tiene cometidos muy específicos, en muchos casos, con alta especialización y gran responsabilidad y no llega a tener un  reconocimiento claro dentro de los sistemas académicos, tanto en el  militar como en  el educativo general.

 

   Algunos de los puestos de trabajo (o puestos militares), que llegan a ocupar los suboficiales quedan prácticamente fuera de lugar dentro del orden jerárquico, llegando a tener, en ocasiones, mayor responsabilidad, e incluso mayor “mando”, muchos  de ellos, que  oficiales que puedan estar en su entorno inmediato. Es más, en muchas ocasiones ocurre que puestos de teniente y capitán son ocupados por suboficiales no viéndose menoscabada ni la disciplina, ni el orden, ni la efectividad, siendo habitual y frecuente esta forma de proceder, no ocurriendo lo contrario cuando son suboficiales los que escasean.

 

   El Proyecto de Ley de la Carrera Militar viene a dar al traste con la esperanza que tenían los suboficiales de conseguir un mayor reconocimiento de esas capacidades adquiridas de una u otra forma. Apenas se dice nada de cuál será su desarrollo profesional en el perfeccionamiento y en su proyección. ¿Qué hay de su promoción a cuerpos superiores?.

 

   En el propio proyecto se establece una disminución de efectivos de Oficial y de Tropa y Marinería, y un aumento de los de  Suboficial. Se dice (en un borrador) que se quiere potenciar la figura del Suboficial dándole atribuciones que hasta hoy tienen oficiales de la Escala de Oficiales, siendo al mismo tiempo sospechoso el hecho de que disminuyan las plantillas de Tropa y Marinería y aumenten las de suboficiales.

 

   La creación de una escala única de suboficiales para cada ejército y para la Armada constituye la base fundamental para permitir la máxima flexibilidad en la organización del personal y en la acción del mando. Este hecho, que podría suponer un menoscabo de derechos, debería ser paralelo a una implantación de una relación de puestos de trabajo (o puestos militares), según establece el propio proyecto: “…se establecerán las relaciones de puestos militares en las que se especificarán, en todo caso, la descripción de cada puesto, su asignación por cuerpos y escalas, empleos y especialidades, sus retribuciones complementarias y las condiciones y requisitos para su ocupación.”

 

   El Suboficial, no es sólo, ni exclusivamente, el eslabón intermedio del mando, según viene a establecer este proyecto. En muchos de los puestos que ocupa lleva a cabo cometidos mucho más complejos que la mera transmisión de órdenes. La alta especialización que llega a alcanzar para la realización de muchos cometidos debe tener su componente de mejora en los aspectos de formación continuada,  de especialización y perfeccionamiento,  de reconocimiento y de adecuación retributiva.

 

   De todo esto poco o nada se dice en el reciente proyecto, con lo que podemos intuir que, de nuevo, una ley de personal viene a legislar sobre unos aspectos profesionales que miran más por el mantenimiento de un sistema ya caduco que por las propias necesidades del personal en el desarrollo y proyección de su profesión. La figura del Suboficial se vuelve a redefinir como el comodín ideal para suplir las carencias (tanto de personal como técnicas) del sistema, manteniéndole al mismo tiempo como transmisor y supervisor de las órdenes dadas.

 

   Este proyecto “machaca” las expectativas de unos profesionales altamente cualificados, les deja sin proyección profesional y no les da el reconocimiento militar y social al que, con su preparación y trabajo diarios, se han hecho acreedores.

 

-AUME-     

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