AUME, 27 DE AGOSTO DE 2006
Han pasado ya más de seis meses desde la finalización del plazo que tenía el Gobierno para presentar el proyecto de ley reguladora de los derechos fundamentales de los militares. Dicho sea de paso, esos derechos fundamentales son los mismos que los del resto de la ciudadanía y algunos de ellos al militar aún le son negados. Desde la aprobación de la Ley de la Defensa Nacional allá por noviembre del año 2005 existía un plazo de tres meses para la presentación del proyecto de la nueva ley. A día de hoy no existe ni un atisbo de la misma y empieza a resultar preocupante, pues dicha ley es la que permitirá regular la participación activa de los militares en los procesos legislativos al tiempo que posibilitará nuevos cauces para la colaboración y participación del militar en todos aquellos procesos que le puedan concernir en los ámbitos profesional, familiar o social.
La propia ley establece que ese proyecto deberá incluir la creación del Observatorio de la vida militar. Resulta evidente que esa nueva ley puede ser incómoda para la cúpula ministerial pues los actuales procesos legislativos o normativos que incumben a las Fuerzas Armadas se realizan como si de un “paseo militar se tratase”, sin un “enemigo” enfrente que le obstaculice o le incomode en su concepción. Hay que señalar las consecuencias positivas que conllevará la creación de dicho Observatorio, pues una de sus funciones como órgano de control será velar por el exacto cumplimiento de las normas y la vigilancia de los derechos de los militares tan cercenados y vilipendiados en nuestros días. Quizás, el mismo hecho del retraso justifica la gran necesidad de que se proponga la ley.
Es ya una tónica general que el militar español vaya y venga por el mundo, de misión en misión, con todo lo que ello acarrea en cuanto a desarraigo familiar, problemas de falta de apoyo a la familia y falta de concentración en su proyección profesional. No olvidemos que son miles de militares los que anualmente pasan a formar parte de las ya numerosas misiones que las Fuerzas Armadas están realizando y más aún que se van a realizar según la tendencia actual.
Si la situación del militar y su entorno familiar y social ya venía siendo un grave problema, añadamos las múltiples misiones que a lo largo de este verano han ido surgiendo con actuaciones urgentes y muy alejadas de las verdaderas responsabilidades de las Fuerzas Armadas. Véase: extinción de incendios, patrullas a pie en funciones policiales, patrullas marítimas, atención a inmigrantes, etc. Y este aumento constante de nuevas misiones no parece tener fin; a la vuelta de la esquina tenemos ya la preparación para intervenir en El Líbano.
Ante esta situación de saturación de misiones y actuaciones de los miembros de las Fuerzas Armadas, parece inquietar a alguien como se va a poder aplicar un “plan concilia” que podría mermar las plantillas de personal activo y por tanto disminuir la operatividad de aquellas. Quizás esta pregunta ya se la hicieron en el ministerio cuando, a finales de la primavera pasada, estando listo un borrador de plan concilia para las Fuerzas Armadas, no vio la luz y a día de hoy, continua sin verla. En algunos foros se comentó que hubiera sido problemática su aparición entonces, pues con los periodos vacacionales ya repartidos habría originado problemas de operatividad por falta de personal. Así podemos ver como queda patente que existen muchos intereses por encima de los derechos de los militares, y que al final se hace problemático que se les reconozcan y se les respeten.
Que el militar tenga que interrumpir sus vacaciones, las tenga que disfrutar en periodos fuera de las temporadas normales (sin coincidir con la familia), que pase largas temporadas fuera de casa sin poder asumir las responsabilidades familiares de forma continuada (con todo lo que ello implica en cuanto a la responsabilidad respecto de los hijos), que no pueda tener una vida social que le permita atender a otras inquietudes personales como la realización de otros estudios, preparación profesional, u otras actividades que le coliguen a la sociedad, y que pueda todo ello realizarlo como un ciudadano mas, es un ataque directo a la dignidad del militar como tal, como ciudadano y como persona. Al defensor, hasta su muerte, de los valores y derechos que ampara la Constitución, se le niegan los mismos.
Las Fuerzas Armadas necesitan de un “plan concilia” mucho mas extenso e intenso que, el que ya hace más de seis meses disfruta el resto de la administración y que poco a poco se va incorporando al resto de la sociedad. Las especiales circunstancias de la vida militar, si aún cabe, mas acentuadas en los últimos tiempos, necesitan de un plan de choque que posibilite una nivelación de su estado actual con el del resto de la sociedad.
El sueldo del militar sigue siendo insuficiente, a pesar de la ruinosa mejora salarial que está resultando ser la tan publicitada subida de las retribuciones. Ello unido a la situación que venimos comentando no induce precisamente al aumento de incorporaciones a las Fuerzas Armadas, y sí al descontento en el seno de las mismas y por tanto a su pérdida de efectividad.
Parecía que esta situación se podría haber hecho temporalmente soportable con la aplicación de unas medidas de apoyo social que podrían venir de la mano de la puesta en marcha del plan concilia, donde un verdadero plan para el disfrute de los periodos vacacionales, del apoyo familiar cuando existen nacimientos de hijos y en un sinfín mas de situaciones familiares y sociales atendidas, amortiguaran ese creciente estrés del militar y de sus familias.
Lejos de tener, el militar, algo parecido a lo aquí reivindicado existe un borrador de “plan concilia” para las Fuerzas Armadas, por supuesto con otro nombre mas militar, no se le vaya a contagiar al militar algo de ”lo social”, que lejos de ser mas extensivo, lo que hace es rebajar incluso las prestaciones que aporta el Plan concilia actualmente en uso en la administración. Con el agravante de incluir la sempiterna coletilla: “salvo por necesidades del servicio” que, por cierto, nadie sabe donde están escritas esas dichosas “necesidades”, ¿o es que son las que en cada momento el jefe estime pertinentes?
Sabemos que con el Observatorio de la vida militar podría tener el militar una gran ayuda en el respeto a sus derechos y a su dignidad. ¿Por eso tarda la ley en proponerse? Porque hay que reconocerles mas derechos, ¿por eso no se termina de aplicar el Plan concilia?
Se está jugando con el aguante, el talante y el poder de sacrificio del militar y con el de sus familias. La dignidad la tienen pisoteada; no se puede sacar pecho para mandar 800 militares a la guerra como si fueran ellos quienes lo sacan, aunque respondan con lealtad y profesionalidad. Sobradamente es conocido por la sociedad el trabajo y el cumplimiento puntual de lo que se les ordena; van a donde era inimaginable ir por la falta de medios y de personal, y aún así el estado continúa exprimiéndolos y continúa sin velar por ellos. Es patente ya el malestar por la total desatención de la persona del militar y de sus familias por parte del ministerio. Los militares no son peones o máquinas por más que a muchos les gustara que así fuese. Se está jugando con ellos, y ya se sabe, “quien siembra vientos recoge tempestades”.
El militar ha llegado ya a su límite, y cuando se llega ahí su actuación puede resultar imprevisible. ¿A que esperan en el ministerio?
-AUME-