Asociación Unificada de Militares Españoles, 21 de mayo de 2006
Quizás alguien pensó que con la impermeabilización de las fronteras en Ceuta y Melilla, el problema de la inmigración se había resuelto ya. La búsqueda del alimento, la lucha por sobrevivir, la mejora de las condiciones de vida (o simplemente tratar de alcanzar condiciones de vida), mueven a las personas de cualquier lugar en dirección hacía donde piensan que pueden conseguir todo aquello.
Hemos puesto mirillas en los países de pobreza extrema para que puedan ver lo bien que se vive en otros lugares. Los periódicos, las revistas, las radios, los televisores, en estos países no son meros medios de información o culturización, sino que son los instrumentos de reclamo a la riqueza. No hace falta pensar mucho para deducir el efecto que se produce ante este hecho tan simple como efectivo. Con un simple anuncio, ya nos echamos a la calle en busca de lo anunciado aunque no suponga para nosotros una necesidad vital; pero cuando lo anunciado, o simplemente lo informado, da cuenta de un lugar donde se puede vivir y no fallecer lenta o rápidamente de pobreza, se busca el medio de transporte para conseguir llegar a esa tierra de promisión.
Y se sigue produciendo el fenómeno de que las personas de países pobres se van hacía los pases ricos, y sigue habiendo quien no ve la lógica tan aplastante del silogismo. Se llama a la alarma, se pone el grito en el cielo por la situación, se pide ayuda desesperada, las autonomías al gobierno, el gobierno a la Unión Europea, algún presidente al Rey, los partidos políticos hacen la política de siempre en estas situaciones y, lo que al final se trasluce, es que nos cuesta gastarnos los euros en paliar temporalmente la situación. Existe un llamamiento tan desesperado por parte de algún político de alguna comunidad que parece que va en ello la vida de alguien, de los de aquí. ¿Tanto puede costar una infraestructura para el paso temporal de las personas en esas situaciones, habiendo tanta y tanta inversión en tantas y tantas infraestructuras para actividades tan alejadas de la mera supervivencia? ¿Acaso estamos hablando simplemente de que lo paguen otros?
No estamos tan lejos, el hombre del mono, y no lo decimos por lo que suponen los estudios que cada día nos indican las similitudes que tenemos con nuestros primos-primates. Hemos sido durante millones de años familiares íntimos del resto de los primates y llevamos unos pocos de miles de años siendo lo que somos pero creyéndonos ser ya, lo que nos gustaría que fuésemos, pues parece, y decimos solo parece, que el intelecto nos debe llevar a otro tipo de hombre. Con esa escasa diferencia de años entre una forma y otra resulta muy lógico que tengamos aún un gran parecido al mono por lo visceral, lo irracional y por lo animal.
Nos empeñamos en darles un nombre a estas personas para buscar una diferenciación clara etiquetándolos; espaldas mojadas, irregulares, ilegales, sin papeles, cuando ya traen ellos una etiqueta para poder identificarlos claramente; hambrientos, desesperados, engañados. A veces parece que ni siquiera queremos saber su nombre por lo que pudiera significar sentimentalmente unirnos de forma tan personal. No vamos a hacer política desde aquí, sobre todo, porque no sabemos y porque no es nuestra intención, pero tratándose de personas ¿Por qué no podemos ver el problema como una catástrofe humanitaria, como las que se originan tras un terremoto, un huracán o cualquier otro fenómeno? Decimos esto por que, como siempre, ya hay quien apela a la utilización de las Fuerzas Armadas para la “defensa” de nuestras costas como si de una invasión armada se tratase.
Aquí cabe ver dos consideraciones.
Primero. La utilización del Ejército como fuerza de seguridad es una desmesura pues ni es fuerza de seguridad ni, seguramente, la situación lo merezca. Ya conocimos su empleo, en los acontecimientos de “las vallas” en Ceuta y en Melilla, como fuerzas de seguridad en ayuda o sustitución de la propia Guardia Civil. Desde aquí ya denunciamos aquella utilización del ejército y ahora parece que volvemos de nuevo a las andadas. Peor aún es que existan personas solicitando la actuación del ejército como fuerzas de defensa ante esta “invasión”. Esperemos que no terminemos como los JUL que se están planteando la utilización del ejército o de la Guardia Nacional para impedir el paso militarmente a los inmigrantes mejicanos que cruzan ilegalmente sus fronteras.
Segunda. La utilización del Ejército como fuerza de ayuda humanitaria tiene también la problemática que otras veces hemos denunciado. Creemos que el ejército no está preparado para eso ni debería utilizarse para esos fines salvo en las situaciones previstas en la Constitución. Que, por sus capacidades se le pueda emplear, pues bien, necesitaría para ello una preparación y un reconocimiento a todos los niveles profesionales. Parece que con la creación de la UME esto puede quedar resuelto, pero no olvidemos que seguirán siendo efectivos de defensa utilizados en otras tareas, aunque ya amparados por la Ley de la Defensa.
De momento ya están siendo utilizados medios del Ejército para tareas ¿de defensa, de ayuda humanitaria? Quizás la ambigüedad de su utilización hasta el momento contente a los defensores de una u otra utilización de las FAS. Lo que si es cierto es que quizás no se estén empleando los medios mas adecuados ni el personal mas idóneo para ello; la AUGC a denunciado el gran despliegue de medios y de personal de la Guardia Civil en la Copa América de vela en Valencia en detrimento de la vigilancia en el estrecho y en Canarias. Pero claro ahí tenemos al Ejército callado y sumiso para lo que sea.
Sabemos que es un problema, y grave, pues se trata de las vidas de personas. Y también sabemos que es un problema de inmigración ilegal con todo lo que ello supone, para España, pero lo que desde aquí denunciamos es la utilización de las tropas en unos hechos para lo que profesionalmente no están preparadas. Utilizarlas para “contentar” como fuerzas de defensa es penoso, pero si además se las quiere utilizar como “cabeza de turco” ante las insospechadas situaciones que se puedan dar, es lamentable. Acordémonos cuando en las “vallas” hubo muertes por disparos.
Sabemos que la marea humana provocada por la desigualdad entre países ricos y pobres no tiene solución a corto ni medio plazo; asumámoslo, tomemos medidas para el futuro, atendamos humanitariamente a quien lo necesite (no olvidemos los derechos humanos de los que tantas veces nos llenamos la boca hablando de los mismos) y dejemos al Ejército en sus misiones que bastante tiene ya con ello.
-AUME-