Historia de un soldado

Asociación Unificada de Militares Españoles -AUME www.aume.org-
Por : El faro Ceuta

Esa mañana, preparando su equipo de nuevo para proceder con la misión encomendada, en ningún momento se le paso por la cabeza el giro tan inesperado que iba a dar su vida. Comprobó el perfecto estado de su arma, los cargadores con la munición, las botas bien atadas, el correaje bien ceñido, el chaleco anti-balas perfectamente acoplado, la mochila con las raciones de comida, las dos botellas de agua y la foto de su mujer y sus hijos en la parte interior de la cubierta.

El día, luminoso como todos los días desde que llegó a Ad Diwaniyah, aparecía cargado de polvo en suspensión proveniente de alguna tormenta de arena cercana al asentamiento. Mal día; el sudor bajo el casco mezclado con el polvo produciría escoceduras molestas.

Tras el desayuno se dispuso a preparar al personal, pendiente de la llegada de su jefe con las órdenes para el recorrido de la patrulla para ese día. A continuación un vehículo acorazado les trasladó hasta el lugar donde deberían comenzar a patrullar.

Niños correteando por las calles, mujeres pasando deprisa escondiendo la cara, corrillos de hombres en cuclillas sobre las aceras destruidas esperando…, ¿esperando?, motos destartaladas, bicicletas de allá para acá, un sol incesante y el recorrido de la patrulla manteniendo las posiciones de auto-protección y de protección al compañero de forma impecable. Se forma un tumulto a escasos metros de sus posiciones, hay voces fuertes, gritos. no se entiende el idioma pero se intuye algo parecido a una pelea, El jefe de la patrulla, con la entereza y frialdad que proporciona la buena preparación, da las órdenes oportunas para proceder según la táctica. Despliegan, avanzan, Sergio se acerca a su jefe para recibir nuevas instrucciones, sin apartar la mirada del tumulto. Todo se cubre de niebla repentinamente, un fuerte pitido en los oídos da paso a un dolor agudo, la niebla se hace mas densa, se hace el silencio y por cinco segundos todo se oscurece. Se encuentra tendido en el suelo con el brazo ensangrentado, su jefe a escasos metros está tumbado y no se mueve y el resto de la patrulla se está llevando las manos a distintas partes del cuerpo buscándose las heridas. La granada ha dejado un boquete a tres metros de él y regueros de sangre en derredor.

Desde mucho antes de ingresar en la Academia, Sergio tenía decidido ser un infante del Ejército. Su ideal de entrega por los demás encajaba perfectamente en las misiones que el Ejército tiene encomendadas y así, como infante, salió de la Academia dispuesto a entregarlo todo por España.

Y así fue que dio, casi, hasta la vida. Cumplió su misión mas allá de lo exigible, pues las Fuerzas Armadas se encontraban en Irak para ayudar…
Sergio cumplió con creces la parte del “contrato”, ahora ya le tocaba al Estado simplemente cumplir con su parte del mismo. Fue atendido médicamente con los medios que el Ejército había desplazado a la zona, pero no fue suficiente debía ser repatriado a España urgentemente. Pasaron catorce días hasta que por fin es repatriado aprovechando un relevo de tropas. Sin embargo se le comunica que el avión llevaba catorce días esperando por él para repatriarle urgentemente. Por fin llega al Hospital Central de la Defensa donde se le trata como quien va con un resfriado a la consulta. Indignado por el trato y temeroso por su brazo, (los dolores son ya inaguantables) decide ir a la Cruz Roja donde se le informa de la gravedad de sus heridas.

El calvario iniciado continúa haciéndose mas intenso. El Ejército empieza a olvidarse de él; son varias las intervenciones que se le practican, se le encuentran mas heridas, en un principio, no diagnosticadas y comienza a entrar en una espiral depresiva que se le empieza a tratar con sicólogos y psiquiatras. Cae en el pozo de la desesperación cuando, a los casi tres meses de ocurridos los hechos, el Presidente del Gobierno, junto al Ministro de Defensa disuelven la unidad, de la que el formaba parte, de regreso de Irak y no hay ni una sola mención para su jefe, sus hombres y él mismo. Médicos, intervenciones quirúrgicas, tratamiento psiquiátrico, abogados, encuentros con políticos, (incluido el Ministro de Defensa), se suceden mientras su desorden mental continúa intensificándose llevándole, en mas de una ocasión, a intentar suicidarse.

Una vida militar truncada, una familia desesperada y un futuro incierto, sin el debido reconocimiento de los hechos acontecidos, es todo lo que hasta ahora ha recibido por parte de la otra parte contratante.

Esta situación continúa a día de hoy, no reconociéndole, el Estado Español, haber sido objeto de un ataque militar o de un acto terrorista, ¿Qué fue lo que entonces les ocurrió a él y a sus hombres?

Esta situación de olvido, abandono y desidia, que en este caso resulta más evidente por sus características especiales, es un hecho que a diario se da en el Ejército español. Situaciones como, partes no resueltos, informes no tenidos en cuenta, exceso de horas continuadas de trabajo, misiones encomendadas no propias del Ejército, situaciones de indefensión, abandono de atención a la familia en misiones del militar o en su movilidad geográfica y un largo etcétera, deberían ser atendidas con especial intensidad por el Estado al ser este quien debe velar por sus intereses. Esta falta de atención especial crea una injusticia tan palpable en la vida cotidiana de estas familias que ha originado la existencia de una actividad reivindicativa que podría desembocar en la exigencia de un derecho de sindicación para la defensa real de los intereses y derechos de los miembros de las Fuerzas Armadas que día a día ven mermadas sus expectativas de igualdad y justicia en el seno de la sociedad.

Existen países en nuestro entorno comunitario que cuentan con actividad sindical en sus Ejércitos y otros, como nuestro vecino Portugal, que la actividad creciente reivindicativa podría llevarles en breve plazo a la creación de algún sindicato.

Situaciones como las de Sergio no dejan mas vía que la de una reivindicación activa con todos los medios que un estado pone al alcance de cualquier ciudadano en defensa de sus legítimos intereses que, en este caso, son la defensa de su propia integridad física y mental.

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