INQUIETUD MILITAR

Que no exista consenso entre la fuerzas políticas en los asuntos denominados “de estado” es una falta de consideración hacía el ciudadano y es una desgracia para el país. Todos sabemos qué asuntos requieren de esa total lealtad de los políticos hacia los ciudadanos pero parece que la clase política, empeñada en su particular lucha por el poder, obvia ya hasta la propia acción de soberanía, y es que la soberanía sigue residiendo en el pueblo, los políticos son unos mandados servidores del pueblo y, al pueblo soberano, no se le tiene que escuchar sólo en las urnas sino en todas y cada una de las manifestaciones que realiza a través del resto de canales democráticos por los que los ciudadanos expresamos nuestras inquietudes, descontentos y propuestas.

No cabe duda que la inminente misión del ejército en El Líbano es una de las misiones de mayor riesgo para los militares de las acometidas desde que vivimos en democracia. Sin dejar de lado otras misiones peligrosas, algunas de ellas actualmente desarrollándose, como Afganistán y Congo, por ejemplo, no hemos de perder la ocasión de que se debata la implicación de España en dicha misión sin dejar de lado todos los aspectos que conlleva. Que se sepan de la “A” a la “Z”, según palabras del Ministro de Defensa, todos los pormenores de dicha misión puede resultar un punto de inflexión en la política informativa del Gobierno y su transparencia en materia de Fuerzas Armadas.

Conocer en profundidad la política de nuestra participación y la complicidad con el resto de estados de la Unión Europea y de la ONU es algo que a todos los ciudadanos nos interesa. Pero particularmente a los militares y sus familias les interesa la operativa de la misión, su composición, medios, desarrollo y duración. Es por lo que se tienen esperanzas puestas en que en el Parlamento se puedan dilucidar todos estos pormenores tan importantes para los componentes de la misión.

Visto desde una perspectiva histórica, la actuación de los ejércitos fuera de su territorio implicaba acciones militares, normalmente conocidas como guerras. En fin, los motivos y los fines perseguidos, fuesen los que fuesen, tenían por medio la actividad militar que siempre consistía en enfrentamientos armados. Guerras. Actualmente, empujados por un loable ánimo pacifista y para que quede patente ante la opinión pública, se enmascaran dichas acciones revistiéndolas con una gran carga antibelicista. Antiguamente también se iba a la guerra para conseguir la paz; cuanto antes se acabara con el enemigo antes se conseguiría la paz. Cuando en un conflicto intervienen las armas es porque hasta ese momento han fallado los demás mecanismos para evitarlo. Así hoy cuando se envían tropas a lugares de conflicto se pone énfasis en denominarlas tropas de paz como si de una acción política mas se tratase intentando mostrar una acción poco beligerante al tiempo que se minimizan los temores de la población ante la participación del país en una guerra. Que se sepa y sea de todos conocidas, las únicas acciones de paz no belicistas una vez acabados los infructuosos esfuerzos políticos por terminar con un conflicto, las llevó a cabo Gandhi con su no-violencia. Quizás nos traten de engañar haciéndonos pensar que las tropas que se desplazan a una zona de conflicto van a ejercer la no violencia y así se caiga en el error de atar las manos de esas fuerzas que, por otro lado, suelen ir fuertemente armadas. Se nombre la misión como se nombre y dándole el carácter que se le quiera dar, lo cierto es que los militares con armas van a la guerra; luego matícese el tipo de guerra y el estadio actual de la misma.

Si con eso se pretende tranquilizar a la opinión pública, luego resulta difícil el explicar los accidentes o los incidentes con heridos y muertos y por ello se trata de ocultar dichos hechos. Los militares en misiones internacionales están participando en conflictos armados y han de tener claro que ante todo prima su defensa para poder cumplir la misión y el empleo de la fuerza que necesitan para ello.

Es necesaria una clara y profunda información sobre la misión de El Líbano pues nos tememos que ocurra lo que está sucediendo hasta el día de hoy con otras misiones. La misión en Afganistán en sus comienzos fue un desastre en cuanto a la logística y a la calidad de vida de nuestras tropas. Hoy continúa siendo un desgaste para algunas unidades en particular y las Fuerzas Armadas en general, por el continuo ir y venir de las mismas unidades y por la falta de preparación de algunas de ellas por no contar con suficiente entrenamiento. En Lituania donde un destacamento español lleva meses actuando existen graves problemas con la logística, entre los que destaca que los propios militares han de pagarse el alojamiento obligado por el mando y también, la incertidumbre por su indefinición en la duración de la misma. De militares que han de trasladarse por su cuenta a hospitales en otros países por motivo de enfermedad, encontrándose de maniobras o en ejercicios y pagarse de su bolsillo los gastos, y de militares heridos en combate y olvidados posteriormente pos sus mandos, tenemos datos recientes. Son muchos los casos que se van dando a conocer de la falta de seguridad y de atención a la calidad de vida de nuestros soldados en las misiones por eso es tan necesario que en el Parlamento se debatan los pormenores de las operaciones y que la ciudadanía conozca la verdadera realidad de sus Fuerzas Armadas.

Ir a una misión donde se desarrolla un conflicto armado no es ir como una ONG o de ayuda humanitaria, por más que lo quieran enmascarar. Se va a la guerra, siempre ha sido así, y es necesario ir con las máximas garantías de seguridad que los medios actuales permiten.

Por tanto las unidades han de estar bien preparadas y descansadas, cosa que con las actuales rotaciones de las mismas unidades a las distintas misiones, es difícil que se pueda dar. La logística ha de ser exquisita y procurar un descanso necesario y digno en la misión. Y la atención a la familia debe de ser constante y directa mientras dure la misión.

Al militar aún se le niega la participación y la opinión en muchos aspectos relacionados con su vida profesional que tienen mucho que ver con que el mando tenga una información precisa y una colaboración leal en las propuestas que se le hagan llegar desde colectivos que velan por los intereses de los mismos. Esta carencia democrática posibilita que el militar continúe en un estado de penuria y con una falta de atención por parte de los máximos responsables ministeriales. Esperemos que en el Parlamento, aún sin voz por parte del militar, se puedan poner todas las cartas boca arriba y nuestros militares puedan partir con el máximo apoyo y con las máximas garantías a la guerra. Lo que pueda ocurrir después, menos nos sorprenderá.

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