Xornal de Galicia, 30 de enero de 2010, Francisco M..-Por recomendación de mi traumatólogo acudo regularmente a nadar a una piscina militar ubicada en mi barrio. Allí todos hacen sus ejercicios con normalidad hasta que aparece algún capitán de navío o coronel , pues tienen reservada para ellos la calle número 1.
Cuando alguien de esta graduación hace acto de presencia el socorrista coloca un cono rojo en el vértice de la piscina y todo el mundo debe abandonar la citada calle como si realmente un gran escualo se fuera a sumergir en ella. Parece un esperpéntico tráiler del largometraje "Tiburón". Cuando hace años, buques de guerra españoles atracaban en la ex-colonia española de Guinea daban a bordo unas curiosas instrucciones.Por ejemplo que al cruzarnos en tierra con una persona de color debíamos observar y exigir que ésta se apartara de nuestra trayectoria dejándonos el paso franco a nosotros, a los blancos , a los españoles, a los colonizadores…
Esperemos que la Ley de Derechos y Deberes que actualmente están cocinando en el Ministerio de Defensa – impulsada en gran parte por la AUME- ponga un poco de orden en el estamento. Que se equilibren las balanzas de los que toda su vida han disfrutado de sus derechos olvidando sus deberes y los que han cumplido con su deber sin apenas saborear sus derechos. Que aberraciones como las aquí descritas queden para el recuerdo, para el anecdotario… y para verguenza de todos aquellos que creen que sus vidas tienen preferencia sobre las de los demás ya sea en la calle de una piscina o en otra de Guinea Ecuatorial.