ABC.ES,3 de diciembre de 2005,CARLOS HIDALGO,
MADRID
Una situación extrema y de altos vuelos. Ésa es la que viven a diario los pocos controladores aéreos militares que operan en Torrejón de Ardoz. La escasez de plantilla y la actual legislación española que les regula están provocando que cada vez sea más difícil cumplir los requisitos de seguridad que una labor de esta importantísima relevancia exige.
Aunque en ningún momento reconocen la existencia de problemas que, por ahora, hayan afectado a la integridad de los pasajeros, esta situación está obligando a trabajar al personal de manera forzada, lo que está teniendo ciertas repercusiones en el tráfico aéreo. En el caso de los vuelos civiles que se controlan desde Torrejón, se han producido algunos retrasos, que, cada vez, son más frecuentes, según indican las fuentes consultadas por ABC. Estas demoras podrían afectar en un futuro al buen funcionamiento del aeropuerto de Barajas, aunque AENA no reconoce ningún problema hasta el momento.
Los entre 5 y 14 controladores militares que operan en la base de Torrejón de Ardoz están sujetos a una legislación que les excluye. La situación, a grandes rasgos, es la siguiente: la Ley de Seguridad Aérea española, del año 2003, regula el tráfico civil en nuestro país. Pero también España ha firmado el tratado de «cielo único»la legislación española distingue entre controladores civiles y controladores militares. La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) denuncia que la normativa de Seguridad Aérea «está fuera de toda legalidad».
De esta manera, la situación actual es que los controladores militares están controlando también el tráfico civil de Torrejón de Ardoz. Por lo tanto, están cumpliendo a rajatabla lo que establece la norma española, aunque no estén de acuerdo con ella y pidan la convergencia con la europea. Es su manera de poner de relieve las carencias y el incumplimiento que el Ministerio de Defensa está llevando a cabo.
El problema no queda ahí, puesto que la alarmante escasez de personal en los puestos de control aéreo queda aún más de relieve si se quiere cumplir la orden de que estos hombres tengan que controlar también el tráfico aéreo del aeropuerto civil de la mencionada base.
Eso sí, destacan desde la AUME, cumpliendo los máximos de seguridad, aunque a costa del trabajo estajanovista de los trabajadores y excediéndose en sus horarios preceptivos. Se da la circunstancia, además, de que las plantillas de controladores no se computan en función de los trabajadores, sino de los límites de horas: son 175 por operario y mes, como señala el Ejército del Aire.
Trece mil pasajeros hasta septiembre
En la base aérea de Torrejón de Ardoz, entre enero y septiembre de este año, se ha realizado un total de 8.306 operaciones con aeronaves civiles y se han recibido 12.864 pasajeros no militares. El año pasado se cerró con 11.350 y 25.973, respectivamente.
Sin embargo, la situación que se vive en el Corredor del Henares no es la más asfixiante del país. De las ochos bases aéreas compartidas con un aeropuerto, la que se lleva la palma es la de San Javier, en Murcia, donde la cifra de pasajeros civiles en los nueve primeros meses del año se acerca al millón (9.22.525), mientras que las operaciones de aeronaves de este tipo es de 11.456. Estas operaciones sólo se refieren a los aterrizajes y despegues de aeronaves civiles, y no se incluyen las relativas a escuelas de aviación y prácticas de las compañías.
En total, y según estos datos, los miembros de las Fuerzas Armadas gestionan más de dos millones de pasajeros y 300.000 operaciones aéreas totales al año.
Si a los incumplimientos legislativos unimos las irregularidades en medios personales y los técnicos, el desbordamiento del personal a la hora de asumir competencias para las que no está legalmente cualificado ni debidamente formado, «la seguridad aérea está absolutamente cuestionada», según la AUME.
AUME ha elaborado, en colaboración con la Sociedad Española de Control del Tránsito Aéreo (Sodecta), un documento, al que ha tenido acceso este periódico, en el que expone estas carencias. En él se destaca que el principal problema que afecta a la seguridad aérea «está relacionado con el control del tránsito aéreo y el personal que lo efectúa. Las plantillas de controladores militares que tienen a su cargo aeronaves civiles son cada vez menores; la formación de las nuevas promociones se ha reducido a la tercera parte, y sus condiciones de trabajo, en cuanto a horarios y jornadas -oscilan desde las ocho horas hasta las 24 continuadas por controlador-, son más que preocupantes».
A ello hay que unir que, en algunas dependencias, operan tres o cuatro controladores durante un mes -las jornadas se doblan-; existe también la falta de periodos de descanso cíclicos dentro de cada turno; el nivel medio de inglés -en la profesión se utiliza el llamado «inglés aeronáutico»- de los controladores militares es bastante deficiente…
Apagones, setas y carreras de galgos
Pero también escandalosos resultan los problemas de infraestructuras. La AUME asegura que existen torres que no poseen sistema radar de seguimiento de aeronaves, por lo que el control que se ofrece es convencional, mediante apunte en fichas y cuartillas de la situación de los tráficos mediante las notificaciones de los aviones; además, se producen continuos fallos en las conversaciones con los aviones; apagones en las pistas de aterrizaje, y la visibilidad, a veces, es nula.
En el capítulo más irrisorio están la tradición de recoger setas en la zona de vuelos o la caza con galgos sin suspender las operaciones aéreas.
Todo esta ceremonia de la estulticia está generando numerosos problemas de saturación en los aeródromos donde interaccionan tráficos militares y civiles que dan lugar a continuas maniobras de evasión para separación, y retrasos en despegues y aterrizajes.