LA VANGUARDIA, CONSUELO SÁNCHEZ-VICENTE – 10/01/2006
La simpatía con que muchos ciudadanos han acogido la arenga del general Mena debería hacer reflexionar al Gobierno y a la oposición sobre el daño que está haciendo a la sociedad el encanallamiento del debate estatutario.
En este río revuelto es en el que algunos pescadores de fortuna, entre ellos la Asociación de Militares Españoles (AME), han lanzado la caña de que le han sancionado «por ejercer su libertad de expresión» para «defender la Constitución». Pero, no hay militar que ignore que tiene este derecho limitado. Y no es por defender la Constitución por lo que se le sanciona, sino por trasgredirla gravemente. Su arresto de ocho días -que, al igual que la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) considero «benevolente»- es por la doble deslealtad de aprovechar un acto en el que representaba oficialmente al Rey para hacer política Y la separación del cargo, por traicionar la confianza del Gobierno.
¿No calculó la repercusión que iban a tener sus palabras? Yo creo que sí; que, en vez de retirarse con la dignidad y la discreción que acostumbran sus compañeros, el general Mena ha querido saltar a la fama. Pero la fama no es la gloria. No es verdad que le hayan sancionado por leer el artículo 8 de la Constitución, ¡por favor! El propio jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Félix Sanz, lleva dos años trayendo a colación ese artículo, en el 2004 al calor del debate sobre el plan Ibarretxe y en el 2005 en referencia al nuevo Estatut. Y con el consentimiento -imagino- del presidente Rodríguez Zapatero, sus ministros Bono y Montilla llevan dos años respondiendo a los críticos del general Sanz; que no va a sancionar a ningún militar por leer la Constitución (Bono) y que, los militares, ahora, al menos se leen la Constitución, cosa que no siempre ha ocurrido (Montilla).
Ni estas gracias creo yo que debería reírle el Gobierno a los militares, de esos polvos vienen, tal vez, estos lodos. Pero, en democracia, las responsabilidades individuales son exigibles individualmente; que nadie entienda que esta reflexión personal mía busca justificar, por elevación, la injustificable arenga del general Mena, no contra el nuevo Estatut, ojo. A lo que ha faltado es al deber de neutralidad política que contrajo al jurar la Constitución. Por eso -no por defenderla- saldrá de la carrera sin honor.