[…]no vamos a caer en la trampa de la elección de un bando o de una propuesta para hacer ganador a uno sobre otro, a una idea sobre otra, a la sinrazón frente a la virtud, a lo militar sobre lo civil[…]
LA INCULTURA DE LA PAZ
«Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz» Así consta en la Declaración de laConstitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Una cultura para la paz nunca se podrá conseguir sin un conocimiento preciso de cuantos elementos transversales pueden conformar su desarrollo y, nunca, se conseguirá desde la confrontación o la anulación de quien difiere.
La denominada “cultura de defensa” consiste en el conjunto de actuaciones que deben desarrollarse desde el Ministerio de Defensa para que “la sociedad española conozca, valore y se identifique con su historia y con el esfuerzo solidario y efectivo mediante el que las Fuerzas Armadas salvaguardan los intereses nacionales”. Esta declaración, más o menos acertada, inserta en la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, ha llevado a una serie de actividades por toda la geografía nacional en más de diez años, no habiendo conseguido los principales objetivos de conocimiento e identificación que establece la ley.
El gran desconocimiento de lo que son las Fuerzas Armadas, de la actividad de sus miembros y de los frutos de su actuación, pasan totalmente desapercibidos para la gran mayoría de los españoles. Los esfuerzos por participación de los militares en actos religiosos, las numerosas celebraciones de juras de bandera en las plazas de nuestros ayuntamientos, la colocación de banderas en edificios civiles o la participación masiva en eventos deportivos son muestras de actividades que conducen a un conocimiento erróneo del trabajo del militar, de su esfuerzo, de sus frutos y, también, de todo lo que le concierne en el ámbito laboral y en el de los derechos; los militares, como trabajadores, también tienen problemática laboral y conculcación de derechos.
Que para ser militar se exijan titulaciones académicas, que, además, en su formación se realicen grados en ingeniería o módulos duales, que se admita personal con grados en medicina, derecho, física, economía, etc., para muy variados puestos, conforma quizá uno de los espacios del mundo militar más desconocido para el resto de la ciudadanía.
Aunque como hemos dicho, son muchos los ámbitos de actividad de los militares que pasan desapercibidos, es el de la formación, el que estos días se ha puesto en boga. Y si la ciudadanía no tiene ese conocimiento, gran parte de la culpa se encuentra en el poco acertado desarrollo de la “cultura de defensa”.
Volviendo al inicio de este artículo, conviene destacar que, el realizar políticas acertadas en búsqueda de ideales cercanos a la utopía, ha de conllevar siempre la evitación de los medios que en definitiva son los que se quieren evitar. La confrontación sirve bien poco para evitar la confrontación; la disuasión de aquella, sí.
Pero estamos en un tiempo donde desde la alineación es fácil llegar a la confrontación. Se nos pide estar de un lado o de otro, defender una postura u otra, arengar un encuentro en contra de otro. En definitiva se está regando la confrontación, cuando el mensaje que todos nos hemos dado es precisamente el de la participación desde la pluralidad. Por ello no vamos a caer en la trampa de la elección de un bando o de una propuesta para hacer ganador a uno sobre otro, a una idea sobre otra, a la sinrazón frente a la virtud, a lo militar sobre lo civil, cuando, errando el objetivo, no nos fijamos en que uno de los mayores enemigos es la falta de cultura o la desinformación.
Ciudadanía en general, incluidos militares apartados del corporativismo visceral, no debiéramos caer en tentaciones frentistas que nos impidan el verdadero espíritu de “baluarte de la paz” que todos y cada uno de nosotros portamos activamente desde nuestro lugar en la sociedad. El activismo cultural y la información nos han de hacer más libres de las ataduras que nos intentan imponer desde la elección. Hemos decidido la pluralidad y no, el uno sobre el otro.
Jorge Bravo
Secretario General de AUME