La Legión se «rasca» el bolsillo

Diego Mazón

MADRID.- Cuando uno se va de viaje, hace una lista con las cosas que ha de llevar para no olvidar ni un detalle y no partir hacia su destino con esa sensación de que algo se olvida en casa. Pues cuando el Ejército se va a cumplir una misión más allá de nuestras fronteras, ocurre básicamente lo mismo.

Una completa lista de útiles acompaña antes de la misión al soldado que va a desplegarse para que nada quede al azar. Además del equipo básico, es decir, los uniformes y el armamento, hay un sinfín de detalles que deben entrar en el petate, muchos de los cuales los provee el propio Ejército y otros que debe preocuparse de comprar el soldado. La unidad correspondiente distribuye una lista en la que indica qué debe ir en cada bulto que lleva consigo el uniformado. Estas instrucciones responden a una cuestión práctica, dado que es muy posible que el soldado no vea alguno de sus bultos en tres días, hasta que no esté en el campamento correspondiente.

   La boina azul es gratis
   La Legión ya ha completado su despliegue en Líbano. Hasta 1.100 hombres estarán en Oriente Medio sirviendo con la boina azul de la ONU (ésa es gratis). Pero antes de viajar hasta allí han tenido que pasar por la tienda de su unidad para comprar algunos objetos cuando menos llamativos. Su lista de viaje está distribuida en cinco capítulos, en los que se fijan aquellos útiles que son obligatorios para la misión. El resto, opcionales, los tienen que comprar los propios militares. El caso es que algunos de ellos son llamativos porque se presupone que es la unidad la que tiene que proporcionarlos, tal y como ha ocurrido en otros despliegues anteriores.
   En el primero de los capítulos figuran cosas básicas del equipo, tales como la cantimplora o la cartografía de la zona, además del peto de la ONU. Esto viene dado, pero, por ejemplo, el legionario tuvo que apuntarse en su lista de pendientes una serie de objetos para comprar antes de irse a Líbano. A saber: tapones de oídos, repelente de insectos, GPS o brújula, linterna y útiles de aseo. El repelente y los tapones solían distribuirse en otros despliegues anteriores.
   El segundo capítulo corresponde a la mochila, en la que se introducen los elementos de primerísima necesidad o de utilidad inmediata. Para meter dentro de ésta, los legionarios deben comprar algunos objetos de la lista, algo curioso en el caso de los útiles de limpieza de armamento, el papel higiénico, las toallitas húmedas o los útiles del legionario, que incluyen, entre otras cosas, un kit de costura, pastillas potabilizadoras o cinta de empaquetar.
   En tercer lugar, para el primer petate, los soldados tenían que comprarse, entre varios útiles personales y lógicos de consumo propio, la pintura de enmascarar, el camuflaje facial. Poca cosa, ya que en el segundo petate tienen que incluir perchas, cubiertos de repuesto y velas, tres objetos curiosos pero que una vez llegas al teatro de operaciones puedes lamentar mucho no haber incluido.
   Silbato, linterna y gafas
   Por último, hay algunos objetos personales que el individuo de la legión debe llevar encima durante la ejecución de los trabajos para los que se les ha seleccionado. Varios de esos objetos también se daban en otras misiones previas, tales como el silbato, linterna de bolsillo, gafas de sol y crema solar. Estos dos últimos también se han entregado por parte de las unidades a los soldados en otras misiones, especialmente en teatros de operaciones desérticos.
   Sea como fuere, 1.100 legionarios estarán en pleno corazón del conflicto, en Líbano, durante varios meses, sustituyendo a la Infantería de Marina, que ya pasó su rubicón y que hizo un excelente trabajo para preparar el terreno junto a los ingenieros en una misión histórica.

Comparte esta publicación

Artículos

relacionados