LEY DE LA CARRERA MILITAR. NOTAS

En recientes declaraciones, el Ministro de Defensa  matizó que la futura Ley de Derechos y Libertades de los Militares, que debería posibilitar la participación de los mismos en los procesos legislativos que les afectan, no estaba aún madura. Cuando lo esté, estará caída y podrida, pues el militar tendrá consolidados todos  estos proyectos sin  que haya podido decir ni  una palabra.

No es de extrañar que los militares lleven muchos meses nerviosos, inquietos, intranquilos, pues son varios y muy determinantes los procesos legislativos que se están llevando a cabo en el transcurso de la actual legislatura. Cambios profundos, intensos y trascendentes, tanto, que están transformando  la personalidad, la organización y hasta la razón de ser de las Fuerzas Armadas. El militar lo percibe y lo siente, pero se siente frustrado e impotente al comprobar como los numerosos cambios en su vida profesional y familiar no cuentan con la participación de sus sentimientos, de sus opiniones y de sus propuestas. O sea, el militar está bastante cabreado, y eso la cúpula del ministerio lo percibe y por ello toma las medidas precisas para evitar posibles salidas de tono; se saca a pasear el régimen disciplinario y, claro, el militar se cabrea más,  pero eso sí, disciplinadamente, pues la disciplina, entre otros factores, consiste en actuar sin tener en cuenta los sentimientos o los razonamientos propios, cumpliendo con el deber con exactitud y mordiéndose la lengua.


   Ya empieza a asomar el anteproyecto de Ley de la Carrera Militar y tenemos un adelanto, de pinceladas generales, del Ministro de Defensa a través del informe presentado en el Consejo de Ministros del día diez de noviembre. Informe que, por supuesto, según suele ocurrir, presenta las lindezas de lo que se les viene encima a los militares. Los aspectos presentados no llaman al optimismo, pero está claro que, teniendo la cautela de la debida reserva que se ha de mantener, esperaremos a que el articulado vea la luz y sepamos si se va a contar con la participación de sus destinatarios.


  A la espera del texto, vamos a enumerar algunas de las aportaciones que la Ley debería incluir, así como algún que otro comentario al informe:


  En primer lugar, hay que resaltar la importancia que tiene no sólo para su mejor aceptación, sino para una adecuación acertada de sus preceptos a la realidad de las necesidades y de la justicia, la carencia de algunos factores que hagan de la tramitación del proyecto de elaboración de la ley un proceso con plenas garantías democráticas, es decir  la falta casi absoluta de participación de los que van a tener que cumplir la norma. Y decimos casi, pues seguramente la cúpula militar sí haya podido hacer sus aportaciones.


   Según el informe, dicho anteproyecto tiene como aportación principal la reforma de la enseñanza militar, centrada en la obtención de títulos del sistema educativo general, creando para ello Centros Universitarios de la Defensa que formarán a la Escala de Oficiales. Los Suboficiales obtendrán el título de Formación profesional de grado superior y la Tropa y Marinería el título de grado medio.


   En lo que atañe a la enseñanza superior, hemos de destacar que puede que, algunos de los anhelos de los Oficiales del Ejército se vean cumplidos, aunque no al gusto de todos, en el sentido de que se les reconozcan sus estudios de forma que tengan una validez plena que les pueda posibilitar un desarrollo personal posterior tanto dentro como fuera del ejército. También así, el sistema se renueva  con  carácter de calidad y, muy importante, con una nueva dimensión que podrá propiciar una mayor cohesión con el resto de la sociedad. Siendo ostensible este gran paso cualitativo para los Oficiales, no queda nada claro para los Suboficiales y la Tropa y Marinería, hay que esperar al proyecto para poder evaluarlo.


   Otro avance que vierte el informe es la reorganización de los Cuerpos y Escalas de los Ejércitos. Siempre que existe un proceso de este tipo resulta natural que existan perjudicados, pues a la hora de incluir personal de una escala en otra no siempre resulta del gusto de todos, aunque ahora se ha de tener la perspectiva de  que no se trata de una integración, sino de la creación de nuevas escalas. No obstante el proceso deberá ajustarse a criterios objetivos de justicia y reconocimiento. Es de destacar la unificación de las actuales Escala Superior de Oficiales y Escala de  Oficiales en una única Escala de Oficiales. También cabe reseñar la creación de la Escala de Tropa y Marinería, que desde la aparición del anteproyecto de Ley de Tropa y Marinería ya venía pidiendo la Asociación Unificada de Militares  Españoles. La creación de esta nueva Escala ayudará a consolidar la Carrera del Soldado y Marinero, debiendo remover su actual estructura, dotándola de un carácter mucho más permanente que el actual, que mantiene demasiada temporalidad, y reconociendo más intensamente su carácter “profesional”.


   Pero la Ley no debe quedar sólo en estas reformas en cuanto a los Cuerpos y Escalas. Es buen momento para que, de una vez se dé  solución a las problemáticas creadas por anteriores procesos de reorganización. Así, las Escalas Auxiliares y el Cuerpo Auxiliar de Especialistas deberían tener, con esta Ley, solución a sus problemas de reescalafonamientos y ascensos. También debiera tener solución el problema generado a los que ascendieron a sargento con anterioridad al 1 de enero de 1977 en el Ejército de Tierra, y los ascendidos a sargento en el Ejército del Aire y la Armada con anterioridad a la Ley 17/1989 en lo referido a su trayectoria profesional hasta oficial.


   Otros aspectos que se deberían contemplar son, por ejemplo: El reconocimiento de los tiempos de servicio como Tropa o Marinería para el pase a la reserva, esos mismos tiempos para el reconocimiento de trienios, el acceso del Suboficial a la Escala de Oficiales y un largo etcétera que, hasta que no se conozca el proyecto en su totalidad, no podremos verificar. Sí que deberían excluirse “bromas” como la de potenciar al suboficial ejerciendo funciones del oficial (no olvidemos que, por otro lado, se le pretende retribuir el CSCE  en función de su empleo y no de su puesto).


   No comenta el informe nada sobre aspectos tan importantes como la creación del Servicio de Apoyo al Personal Militar o el Plan Global de Calidad de Vida, compromisos incumplidos hasta el momento.


  En general, tratándose de una ley de personal que afecta directamente a la proyección personal en la carrera militar, a los aspectos sociales que todo ello determina y a algunos aspectos retributivos, no se entiende como se continúa obviando tan descaradamente la opinión de los componentes de la Fuerzas Armadas para proyectos que marcarán de manera trascendental su vida profesional y familiar.

  En recientes declaraciones, el Ministro de Defensa  matizó que la futura Ley de Derechos y Libertades de los Militares, que debería posibilitar la participación de los mismos en los procesos legislativos que les afectan, no estaba aún madura. Cuando lo esté, estará caída y podrida, pues el militar tendrá consolidados todos  estos proyectos sin  que haya podido decir ni  una palabra.


 Una ley de Personal sin contar con el personal, mal continuamos.

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