EL FARO DE CEUTA, 7 de mayo de 2006, Asociación Unificada de Militares Españoles
Desde la aprobación, el pasado 24 de abril, de la Ley de Tropa y Marinería muchas han sido las esperanzas rotas ocasionadas por el nefasto proceso de reincorporación. Es poca la información que se maneja con respecto a la normativa sobre la reincorporación de la tropa y marinería que había causado baja en las Fuerzas Armadas por cumplimiento de su último contrato. Esa información habla de escasas plazas y de la inexistencia de garantías de poder ocupar de nuevo la plaza que se había dejado vacante.
Llevaban muchos meses de espera esos militares esperanzados por las promesas que se les venía haciendo. Este tiempo no ha transcurrido sin nervios pues, aunque el tratamiento de la ley no tuvo excesiva demora, lo cierto es que se ha aprobado con bastante retraso. Esa espera ha resultado eterna, en muchos casos, para militares que no sabían ya como soportar las cargas del mantenimiento de unas familias que se han visto avocadas a una espera sin ánimo, ni esperanza de conseguir un trabajo pasajero mientras llegaba tan ansiada ley.
Durante ese tiempo estos militares con sus familias han sufrido cambios en su situación personal que en muchos casos les ha llevado al traslado de residencia por la geografía española. Esto supone ya un primer problema: renunciar a la posible plaza libre donde fue su último destino y esperar que exista plaza en su actual lugar de residencia. Existen otros problemas de menor índole que de momento parecen caídos en el olvido; no parece estar ejecutándose un plan que recoja la situación provocada por este proceso de reincorporación y lo lleve a buen término con el tratamiento especial que se merece y con la atención a la situación familiar que provoca.
Estando, en términos generales, estos militares a la expectativa, con sus distintas situaciones familiares, se han encontrado, tras la aprobación de la ley, un ambiente de desinformación, de desbarajuste y de falta de atención, que si no se soluciona en breve ocasionará un nuevo foco de malestar por el trato indigno que conlleva esa falta de tacto con unos profesionales que ya en su día juraron dar la vida por España y que, pese a como se lo han pagado hasta ahora, continúan dispuestos a mantener.
Lo primero que han hecho la mayoría de los militares que optan a la reincorporación, es estar a la espera de la publicación de una normativa que recoja el proceso en sí. Ante la falta del mismo, y ya que la ley prevé un plazo de seis meses a partir de la publicación de la misma para la finalización de dicho proceso de reincorporación, muchos de ellos han optado por dirigirse a las delegaciones de defensa para pedir información. Las respuestas han sido variopintas según el lugar y la forma de efectuarla, por teléfono o presencialmente. Aún no sabemos nada; tendrá que publicarse en el BOE; tienes que rellenar esta preinscripción; rellena estos papeles solicitando vacantes y tal día te presentas en tal lugar para efectuar unos test; etc. Ante esa desinformación muchos de ellos han optado por dirigirse a la Asociación Unificada de Militares Españoles desde donde se intenta dar cauce a dichas peticiones al tiempo que se está denunciando dicha situación.
A día de hoy sigue sin existir una reglamentación pública que encamine a estos militares en el proceso que comentamos. Así, se están viendo obligados a acogerse a lo que de forma tan oscura se les está ofreciendo en algunas delegaciones de Defensa a los que han decidido acudir a las mismas en sus lugares de residencia.
Por norma general están ofreciendo un procedimiento similar al del soldado de nueva incorporación, sin matiz añadido pese a su procedencia, ni actitud especial en facilitar información en como hacer para conseguir la plaza que interesa. No se ofertan más plazas que las que están libres, sin saber, estando aún a la espera de conocer el número total de solicitudes de reincorporaciones, si es mayor la demanda de las mismas que la oferta de ellas. Así, por ejemplo, para Ceuta y Melilla existen las siguientes estimaciones: Para Ceuta se estima que puedan existir entre 30 y 35 plazas entre cabos1º y cabos, y los posibles peticionarios para esas plazas podrían llegar a ser más del triple de esa oferta. Para Melilla podrían ser alrededor de 30 plazas en total con una demanda parecida a la de Ceuta.
Ante estas cifras son aproximadas, y dado que en el resto de España existen datos parecidos, es de prever que las expectativas que crearon en este colectivo maltrecho fueron demasiado halagüeñas y es de esperar un descontento generalizado en dichos militares.
Estamos de nuevo ante esa falta de sensibilidad y especial atención hacía un colectivo que continúa con una importante merma de derechos y por tanto con la carencia de unos efectivos cauces de protesta. No terminan de entender en el Ministerio de Defensa y en el Gobierno, que el colectivo militar necesita de una especial atención y una exquisita preocupación mientras no tenga los mismos derechos que el resto de la ciudadanía para poder defender sus intereses y, en su caso, poder denunciar las injusticias que con ellos se cometen.
No es justa la forma en que se esta tratando a estos militares en este proceso de reincorporación. Se les ha mantenido durante un largo tiempo con unas expectativas que no parece se vayan a cumplir íntegramente. No se les está informando adecuadamente del proceso (muchos aún lo desconocen). Y pocos podrán volver a las mismas plazas que se vieron obligados a dejar. Sin un cauce efectivo de protesta y ante la situación, casi sumisa por lo que pudiera significar “ser idóneo” como marca la Ley de Tropa y Marinería, estos militares sufren un “atropello” mas en su ya vapuleada vida militar.
Ya podemos observar que la recién estrenada ley no es capaz de atender con buena diligencia a un colectivo profesional que se encuentra en unas condiciones muy adversas. La ley está demostrando que nació pobre, pues no cubre las expectativas profesionales integramente al no haberse constituido una verdadera carrera del soldado o marinero que le hubiera dado una atención integral y con mayor seguridad a todo proceso de cambio en la vida del militar.
Una vez más se demuestra que la falta de derechos origina ciudadanos de segunda.
-AUME-