De nuevo foto fija que se renueva año tras año, para el auto-bombo de un ministerio que mira más a la industria que a las personas que lo integran y sus cometidos.
Los españoles ya conocen que sus Fuerzas Armadas participan en misiones internacionales y que lo hacen bien; ahí están los medios de comunicación que no hay semana que no comuniquen sobre su actuación.
Pero lo que casi nunca se traslada es la verdadera situación de casi 130.000 militares y sus familias que ante el rigor de la crisis sufren en especial los recortes en derechos, en retribuciones, al tiempo que son olvidados en sus aspectos profesionales.
Ya van más de dos años de un clamoroso incumplimiento de la ley que está dejando a una gran parte de los miembros de las Fuerzas Armadas, sin expectativas profesionales, con una gran incertidumbre en sus carreras y con una situación laboral de contrato basura.
Pasan más de dos años desde que el Congreso debería haber emitido el dictamen que diera paso a la modificación del régimen transitorio de la Ley de la carrera militar y aún no hay visos de que dicho dictamen aparezca. La situación profesional de miles de militares continúa siendo incierta al tiempo que pierden continuamente derechos.
La mitad de nuestras Fuerzas Armadas profesionales está formada por militares temporales que dependen de unos contratos basura y que con los recortes previstos tienen una incertidumbre absoluta sobre su futuro inmediato y el de sus familias.
A los recortes en derechos y en los avances sociales que sufren los militares como integrantes de la sociedad hay que añadirles los recortes que como militares están sufriendo a través de los desarrollos normativos. Así, el nuevo régimen disciplinario que se proyecta, lejos de acabar con las discriminaciones administrativas cuyo punto culminante son las privaciones de libertad sin intervención de un juez, viene a mantenernos en un régimen de totalitarismo administrativo semejante al de hace más de cuarenta años.
Además tenemos que añadir que los recortes en derechos que tratan de igualarnos al resto del funcionariado, consiguen, sin embargo, incrementar las desigualdades con el resto de los servidores públicos. Así, aunque se igualan los días de vacaciones y de permisos, sin embargo no se pagan las horas extraordinarias, no se compensan los días de más que sobrepasan la jornada en su cómputo anual; no se retribuyen las guardias y los servicios. Y en las reducciones de jornada por conciliación no se tienen en cuenta las especiales condiciones de vida y trabajo del militar.
Este es un escenario real de la situación profesional, social y familiar del militar, que no será contemplada en la Pascua Militar.
El movimiento asociativo es ninguneado en los actos de especial relevancia y apartado de los cuarteles como si se tratara de una infección. Es por lo que desde este mismo movimiento asociativo tenemos que emprender una nueva etapa reivindicativa, que muestre a la ciudadanía y a las instituciones del Estado, la verdadera situación de las Fuerzas Armadas. El Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas debe cobrar nueva intensidad y protagonismo, y el Observatorio de la vida militar debe arrancar con plena independencia, medios materiales, personales y presupuestarios, y con la vocación de ser el órgano que fiscalice la situación de los derechos de los militares y de sus condiciones de vida.
Las Fuerzas Armadas, no son, ni mucho menos, lo que en la Pascua Militar se va a trasladar a la sociedad.
Madrid, 3 de enero de 2014.