Por primera vez en la historia de España, los militares se van a concentrar frente al Ministerio de Defensa. El motivo de su protesta es que están hartos de no tener los mismos derechos que cualquier ciudadano español. La manifestación comenzará a las 12.00 y se prolongará hasta las 13.00 horas.
Su Presidente, Jorge Bravo, se encuentra privado de su libertad, arrestado en un centro disciplinario de las Fuerzas Armadas por su participación en la manifestación que realizaron más de 3000 guardias civiles en Madrid en enero.
La manifestación ha sido autorizada por la Delegación del Gobierno de Madrid y hace un reconocimiento expreso de que el derecho fundamental de reunión puede ser ejercido por el “personal militar”, con remisión a las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas.
La manifestación se ha convocado bajo el lema “Jorge Bravo: Gracias”, pidiendo según su Secretario General, Mariano Casado, que el PSOE cumpla su programa electoral, ya que se comprometió en crear la “Ley de Derechos y Libertades para el militar” y no han realizado nada. Los militares quieren ser ciudadanos de primera reconociéndose el derecho a la sindicación y a la asociación.
Una vez más, la utilización de la potestad disciplinaria por el mando militar ha puesto de relieve que los militares españoles son ciudadanos de segunda, que pueden ser privados de libertad por autoridades administrativas, sin respetar el núcleo esencial de derechos y garantías que otorga la Constitución Española a todos los españoles. Ante la privación de libertad de Jorge Bravo, presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME).
Cuando se habla de modernización de las Fuerzas Armadas y no se respetan para sus miembros los derechos y libertades públicas a los que tienen derecho como ciudadanos, se está sencillamente despreciando a un colectivo que tiene como principal mandato defender el ordenamiento constitucional.
Cabe preguntarse cómo puede defenderse el ordenamiento constitucional por ciudadanos que están privados de derechos y que están mandados, en algunos casos, por quienes los desprecian radicalmente en la vida cotidiana de las unidades. Esta situación se hace insostenible y precisa una reforma urgente del régimen disciplinario de las Fuerzas Armadas, para que los derechos y garantías constitucionales impregnen las nuevas normas y valoren a la disciplina como un instrumento y no como un fin en sí misma.
Las reformas que está impulsando el Gobierno deben pasar por la salvaguardia de los derechos y libertades públicas de los militares. Todo lo que no sea avanzar en esa dirección estará avocado al fracaso y no conseguirá hacer de nuestras Fuerzas Armadas lo que exigen los ciudadanos: defender el ordenamiento constitucional.