www.diariocordoba.com……….02/06/2005
MARIANO ROSA
Las heridas del sargento Sergio Santiesteban sobrepasan la metralla que le extrajeron Le duele más el olvido del Ejército, que le ha llevado a varios intentos de suicidio y a una cura de desintoxicación
Un alta médica en blanco del hospital Gómez Ulla de Madrid, varios trozos de metralla y la certeza de sentirse olvidado es el bagaje que se trajo de Irak el sargento Sergio Santiesteban, canario y residente en Córdoba, al que se le ha diagnosticado síndrome de Vietnam , una variante traumática depresiva hasta ahora desconocida en nuestro país y que nadie sabe cómo tratar.
Sergio y Toñi, su mujer, han vivido un calvario desde que resultara herido en Diwaniya el 11 de febrero del año pasado cuando patrullaba por una calle y arrojaron una granada al paso de un convoy. El y un alférez salieron los peor parados.
El parte médico de la base refleja que las heridas eran leves; tres días después pasaron a graves. A partir de ese momento se suceden una serie de acontecimientos que han llevado al militar a pasar una semana de espera para ser evacuado a España en unas condiciones sanitarias más que dudosas, el nulo recibimiento de autoridades castrenses a su llegada a Madrid, largas esperas en el Gómez Ulla para citarlo meses después y mucho dolor en su brazo izquierdo.
Ya en Córdoba, acude al hospital de la Cruz Roja y allí se le detecta el oído y un hueso perforado por la metralla y el nervio radial seriamente dañado. El 11 de marzo se le interviene de urgencia y cuatro días después vuelve a ser operado. Casi a la vez se le diagnostica el síndrome de Vietnam y una resonacia saca a relucir más metralla, esta vez en la cadera.
Su unidad, la Plus Ultra, se disuelve y no hay mención para nadie, a pesar de que Sergio la había solicitado para sus compañeros. «Es vergonzoso que un militar tenga que pedir de rodillas que condecoren a sus hombres», dice Toñi, aunque este problema es el menor que tienen. La situación por la que pasa Santiesteban es mucho más grave: ha intentado suicidarse varias veces y ayer le dieron el alta en un centro de desintoxicación; antes no bebía.
Una luz de esperanza se abrió en febrero pasado. La alcaldesa, Rosa Aguilar, concertó una entrevista con el ministro Bono, «que nos recibió y estuvo hablando con nosotros media hora; nos prometió que se abriría una investigación». La visita surtió efecto y a los cuatro días le convocaron al tribunal médico en San Fernando. El test psicológico tenía una pregunta relativa a si había hablado con la prensa o con abogados y el parte recomendaba que tomara gelocatil «si le duele».
Izquierda Unida se ha interesado por el caso y ha presentado un pregunta en el Congreso para que se aclare la situación.
Aunque de baja, Sergio está destinado ahora en el Muriano y Toñi no se resiste a comentar la recomendación de los mandos, «que vaya al psicólogo y que lo saque de paseo»