Los soldados de la UME que actuaron en Canarias se alojaron en centros de inmigrantes

MARISA CRUZ

MADRID. – Los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias que participaron en las tareas de extinción del incendio de Canarias a finales de julio, estuvieron sometidos a condiciones «abusivas y a un trato indigno», fueron alojados en los centros de acogida de los inmigrantes que llegan en pateras, no se les ha pagado aún la dieta de manutención y, a su regreso de las islas, muchos hubieron de incorporarse de manera inmediata a nuevos turnos de actuación

Estas son algunas de las conclusiones del informe elaborado por la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) en base a los comentarios del personal que acudió a las labores de extinción.

El informe repasa todos los mecanismos de actuación de la recién estrenada UME. La puesta en marcha de la Unidad se ha caracterizado por el deseo de dar desde el primer momento «una buena imagen de efectividad y gran presencia en las zonas asignadas», hasta el punto de que los militares consultados afirman que «se ha querido aprovechar las incidencias del fuego durante el año 2007 para implementar la preparación de las unidades con prácticas reales».

El estudio analiza la operatividad y disponibilidad del personal de la UME que, en general, se lleva a cabo de tres formas. En primer lugar, los acuartelamientos, donde se efectúan turnos en los que los soldados se mantienen alertados las 24 horas del día, listos para una primera intervención. Tras la alerta, la actividad debe comenzar en 15 minutos.

En segundo lugar, se abordan las intervenciones directas que comprenden los trabajos a realizar en la zona de la catástrofe.

El fuego en las islas

Por último, se repasan las llamadas patrullas de información y persuasión que no tienen carácter de actuación en catástrofe y que se realizan en las zonas asignadas a los distintos batallones.

De las intervenciones realizadas este verano, el estudio se centra en los incendios de Canarias y se constata que se ha «abusado en el empleo de las unidades».

Los efectivos que acudieron a las islas, según señala el informe, se encontraban apagando fuegos en Extremadura, desde donde se les envió a Madrid para sumarse a la nueva misión. Desde Madrid viajaron a Valencia en avión para recoger más personal y medios. Regresaron de nuevo a Madrid y salieron por fin hacia Canarias. En total, ocho horas de vuelos tras los cuales se incorporaron de forma inmediata a las tareas de extinción.

Se les alojó «en los centros dispuestos para acoger a los inmigrantes que llegan en pateras», y «a día de hoy no se les ha pagado el 80% de la manutención» (a un sargento le corresponden 28 euros diarios para desayuno, comida y cena, y a un soldado, 21 euros).

El informe también abunda en las llamadas patrullas de reconocimiento, que consisten en la realización de itinerarios por las zonas de responsabilidad de los distintos batallones para hacer acopio de información sobre depósitos de agua, de combustible, caminos, haciendas aisladas… La duración suele ser de tres días y las dotaciones constan de dos mandos y dos componentes de tropa con un vehículo Aníbal, en cuyo interior se han llegado a registrar temperaturas superiores a 50ºC.

Las dotaciones tienen que improvisar los lugares de pernocta «pidiendo favores en piscinas, polideportivos o ayuntamientos y siempre duermen en el suelo». «El aseo hay que buscarlo sobre la marcha», añade el texto.

Además, «está previsto que las comidas sean las raciones de previsión militares», que no se pueden calentar porque las rutas se realizan por zonas de alta peligrosidad de incendio. «Se cuenta con cuatro botellas de agua por persona que, dadas las altas temperaturas del vehículo, resultan imbebibles». Los soldados optan por comer en bares y abonan el importe de su bolsillo.

Tras los tres días de patrulla, según denuncian los soldados, se vuelve al acuartelamiento y no se disfruta de ningún día de descanso.

El documento no cuestiona la efectividad de la Unidad Militar de Emergencias, lo que somete a dura crítica es el «gran olvido que se hace de la situación profesional y personal de sus componentes que trabajan en condiciones de falta de seguridad, con conocimientos escasos, turnos abusivos y con un trato indigno e injusto».

Estas quejas se suman a las ya conocidas sobre el carácter de agente de la autoridad del que se ha investido a los miembros de la UME, pese a que «no han recibido conocimientos ni normas de actuación al respecto». Además, se afirma que se está dando un «excesivo carácter militar a su actuación, dejando de lado la protección al actuar ante el fuego»

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