MILITARES, CIUDADANOS DE EUROPA

Actualmente los ejércitos están sujetos a los mismos cambios que se dan en la sociedad en la que están inmersos. Las recientes tendencias en las relaciones internacionales implican cambios en las misiones que afrontan dichos ejércitos. La reducción de personal, el alto nivel técnico y la elevación de los niveles de calidad en torno a la formación profesional, son factores comunes a todos los estados que poseen ejércitos de una entidad relativa.

Este proceso está claramente identificado en los ejércitos del entorno europeo. La confrontación geopolítica de los antiguos bloques militares, OTAN  y Pacto de Varsovia pertenece ya al pasado. Después de la disgregación del Pacto de Varsovia, la OTAN comenzó a cambiar su imagen para establecerse como una alianza euro-americana. La OTAN se está expandiendo hacia el este y la relación entre los países del antiguo “telón de acero” está en un continuo desarrollo en torno al nuevo eje básico que conforma la nueva alianza.

  El proceso de integración europeo que se está llevando a cabo, incluye la formación transnacional de las unidades armadas. Los planeamientos se efectúan teniendo en cuenta el establecimiento de  un grupo de combate europeo de reacción en caso de situaciones extraordinarias que puedan llegar a darse en Europa o en cualquier otro lugar. Las agrupaciones desplegadas para el establecimiento y mantenimiento de la paz están comenzando a tener una importancia primordial en todo el mundo y es por lo que nuestros ejércitos adquieren una nueva dimensión profesional. Los militares que conforman estos ejércitos de diferentes naciones sirven y actúan bajo el mando de autoridades militares de países que no son los suyos.

   El agravamiento de la situación internacional por actos terroristas cometidos en los Estados Unidos de América, en Rusia, en España, en el Reino Unido y en otros países,  hace que la tarea de coordinación y unificación de esfuerzos de todos los estados  y sus fuerzas armadas sea urgente. Todo ello para contener la creciente actividad de los actos de terrorismo internacional.

   De acuerdo con las nuevas misiones que deben afrontar los ejércitos, han de abordarse cambios prácticamente en todos los países europeos. Autores de reconocido prestigio internacional describen tres principios como líneas de referencia en el periodo posterior a la guerra fría: la reducción de personal en los ejércitos, la profesionalización y la adaptabilidad. Estos tres factores llevan consigo la total transformación de muchos de los valores y principios básicos profesionales de las personas que integran los ejércitos.
   La defensa de la patria, la entrega absoluta de la persona al servicio del Estado,  la preparación técnica, el reconocimiento profesional, el reconocimiento de derechos y la cohesión con el resto de la ciudadanía, son unos factores que tienen distinto grado de tratamiento y de reconocimiento en los distintos países inmersos en dichos cambios.

   Así, podemos encontrarnos  que, en misiones conjuntas de ejércitos de varios países e incluso en unidades ya transnacionales como el Eurocuerpo, los militares trabajan conjuntamente bajo un mismo mando, con un mismo objetivo, pero como personas sometidas a muy distintos regímenes disciplinarios, a distintos códigos penales y a un nivel de reconocimiento de derechos totalmente distintos.

   Los tres principios básicos antes descritos implican directamente a la persona, a su dimensión profesional, moral y social, y no se pueden soportar esos cambios en la concepción de los ejércitos dejando de lado la principal dimensión moral del militar que es la de ciudadano, ya ciudadano de Europa.
   En  la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión, pilar básico de la  Constitución Europea, se describe al  ciudadano como  persona centro de actuación, en un marco de libertad, seguridad y justicia, estableciendo la dignidad humana como inviolable, respetada y protegida. La igualdad es el parámetro común que nos identifica como similares. La igualdad y la justicia son también los valores supremos que la Constitución Española identifica como base de su ordenamiento jurídico, y la dignidad de las personas se establece como el fundamento del orden político y de la paz social.
   La construcción europea no debe continuar dejando de lado aspectos tan fundamentales como estos. Es ya un hecho que existe una defensa militar de los valores de esta incipiente Europa.  Ya ha ocurrido en los Balcanes y en cierto modo está ocurriendo en los escenarios donde las tropas de los países que integran Europa realizan misiones armadas. Si dichas misiones no se desarrollan para la defensa de nuestros valores comunes, no se entiende qué hacen nuestros ejércitos en esos lugares.

   La transformación europea ha iniciado el proceso con una política de defensa que, lejos de ser común,  tiene una actuación conjunta de sus ejércitos integrantes, que no garantiza los derechos, para aquellos, que en su carta magna reconoce. La dignidad de la persona se establece como eje fundamental para el reconocimiento de sus derechos y sin embargo países como España  aún mantienen a un colectivo, como es de los militares, sin un reconocimiento, tan siquiera, de algunos de los derechos que la Constitución Española establece.

   Este hecho, de ciudadanía española y de ciudadanía europea, está frágilmente constituido al no haberse consolidado los actuales ejércitos conforme a las directrices básicas de las cartas magnas nacionales y supranacionales; la inviolabilidad y defensa de la dignidad de las personas. Esta es una asignatura básica pendiente para España y para Europa que daña actualmente la dignidad de las personas cuya profesión es la de militar.

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