aume@aume.org

+34 618 654 898

Militares Fungibles

El 9 de marzo de 2001 -hace 20 años- el gobierno del Partido Popular presidido por Aznar liquidaba el servicio militar obligatorio en España implantando la plena profesionalización de las Fuerzas Armadas. La larga tradición de los estados en el mantenimiento de una defensa basada en un sistema de leva, en España, como en otros países, fue derivando, a causa de diferentes motivos, hacía una profesionalización que caminaba hacía un nuevo carácter ocupacional de lo militar. No siendo el único gran cambio producido al principio del nuevo siglo, la transformación de las FAS se profundizó a través de nuevas leyes para la regulación de una carrera militar moderna en mayor armonía con el ordenamiento de la Administración General del Estado, en materia laboral y formativa. Pero los cambios iniciados entonces no han conseguido igualar el estatus del militar al del resto de la función pública, siendo la situación actual la de un régimen de personal que no ha alcanzado las expectativas de modernización de la carrera militar y de la profesionalización en general de las FAS.

Desde la Transición, con un empuje político, pero de la mano de los cuarteles generales de los ejércitos y de la Armada, se ha venido produciendo en las FAS un paulatino cambio, siendo la democratización y la modernización el empeño fundamental -en un primer momento- para romper con el reducto de poder que el mando militar ostentaba, y proceder a los cambios que el nuevo sistema imponía. Dicho empeño comenzó lento salvo para los cambios necesarios en el traspaso de poder en esos primeros momentos de las transformaciones sociales y democráticas. Mientras que el resto de la sociedad se dotaba de los nuevos elementos que configuraban el naciente estado democrático, los ejércitos quedaron sujetos al gobierno, pero con una gran autonomía en su administración interna; concesiones al entonces mando militar hubo muchas, y esta fue una de ellas.

Esto impidió que los procesos transformadores en la sociedad alcanzaran a los militares con la misma intensidad. Los cambios fueron tan paulatinos que a día de hoy no ha terminado de consumarse dicha transición en las FAS.

Uno de los primeros graves problemas que surgieron, suprimido el servicio militar, fue la escasez de incorporaciones a la profesión militar. Las FAS aún no se liberaban de la pesada carga del pasado reciente y además no se ofrecía un modelo de carrera profesional atrayente; esto lastraba la incorporación a la profesión militar.

En este lento recorrido la Ley de tropa y marinería sólo ha servido para que en aquellos primeros momentos tras la desaparición de la leva no quedaran las unidades vacías por falta de personal. Situación que el entonces Subsecretario de Defensa -Justo Zambrana- señaló:

«Lo que se descubre al aproximarse a la realidad es que la profesionalización de los ejércitos no es tal porque falla la mayor. El ingreso en las Fuerzas Armadas no ofrece una perspectiva de vida profesional a quienes optan por él. En la actualidad, salvo quienes logran al tercer año ingresar en la Guardia Civil o acceder a la condición de suboficial, o más adelante convertirse en soldado permanente, el modelo sólo les propone el despido a los 12 años de servicio o 35 de edad. Un despido ni siquiera indemnizable, como ocurre en la empresa privada. El nuevo proyecto de ley pretende afrontar la situación apostando porque el ingreso en las Fuerzas Armadas sea una auténtica opción profesional en la vida de nuestros jóvenes”1.

Pero del mismo texto de esa ley se deducía la introducción de una demora en los problemas de entonces, que emergerían de nuevo en el futuro; y esto es, en el actual presente. Se trasladó a los 45 años lo que entonces era para los 35 años, y, por otro lado, la ley no garantizaba la obligatoriedad de los apoyos al personal para la reinserción laboral fuera de las FAS.

Las prisas no fueron buenas, nunca lo son, y no solo la Ley de tropa y marinería fue urgentísima, además, la que se aprobó a continuación -la Ley de la carrera militar- adoleció del mismo defecto.

No ha existido un tratamiento común del modelo de militar -de todos los militares- y no se ha conseguido una integración de dos sistemas de régimen de personal, lo que ha llevado a la actual situación, con una gran problemática a nivel personal de quienes sufren los efectos de esa mala administración; de aquellos polvos estos lodos.

El empleo temporal en las Fuerzas Armadas es un fin en sí mismo que desnaturaliza la plena profesionalización que, engañosamente, se pretendió con la ley. En definitiva, ha consistido en la introducción, en aquella, de los contratos basura. Sánchez Ferlosio decía que “2en la misma medida en que los individuos no son como individuos más que otros entre sí están permanentemente expuestos a la infamia de la fungibilidad y la sustituibilidad”. Los efectivos de las FAS son mucho más que números y mucho más que <medios> humanos, son personas, hombres y mujeres que han de estar sujetos a las mismas normas laborales que afectan al resto de los servidores públicos; han de tener los mismos derechos laborales y desarrollar una carrera profesional digna.

Si la Ley de tropa y marinería ha creado una pobreza laboral para un elevado número de militares de tropa y marinería, la Ley de la carrera militar no ha conseguido establecer un sistema de formación-promoción justo, moderno e integrado en el conjunto de la función pública; la mezcla del pasado con elementos nuevos tintados de modernidad ha resultado un fracaso, que frustra al militar y consume su carrera profesional.

El tiempo transcurre con cambios, con sucesos transversales que se aceleran y que deben tener respuesta rápida. En lo que llevamos de siglo, a las amenazas, conflictos y crisis endémicas hay que sumarle los crecientes efectos del cambio climático, las crisis migratorias, el avance de las ideologías fascistas, etc. En 20 años hemos sufrido dos crisis económicas mundiales y una pandemia que están teniendo grandes repercusiones en el mundo laboral (no solo en el empleo sino, también, en las nuevas formas de trabajo). Las estrategias de defensa han de adecuarse a los nuevos retos que imponen las situaciones emergentes y, por supuesto, los modelos de régimen de personal, consecuentemente, han de amoldarse a los cambios, sobre todo si tienen una repercusión directa en los derechos de los hombres y mujeres militares y en el desarrollo de sus carreras profesionales.

La mirada al pasado continúa siendo objeto de los cuarteles generales, y esto se plasma en un régimen de personal caduco, poco eficiente y con una grave trascendencia en la profesión, como lo evidencian la gran cantidad de litigios individuales y las continuas reivindicaciones de todas las asociaciones profesionales, sin olvidar los esfuerzos que desde el ministerio y desde el Parlamento (Comisión de Defensa) se realizan en parchear los efectos negativos de ambas leyes de personal.

La necesidad de un tratamiento integral del régimen de personal de los miembros de las Fuerzas Armadas es clamorosa y un nuevo modelo de personal militar ha de ser un objetivo urgente de los responsables políticos en el área de defensa, si realmente queremos unas Fuerzas Armadas modernas, eficientes y totalmente respetuosas con los derechos profesionales y laborales de sus miembros.

1 EL PAIS, 02/05/05 <El soldado “profesional”>

2 Rafael Sanchez Ferlosio “Sobre la guerra” Destino Libro Barcelona 2008.

JORGE BRAVO AUME
MAYO 2021