Asociación Unificada de Militares Españoles, 20 de agosto de 2006
Un año más España se quema y lo hace de forma desmesurada, incontrolada, pero no de manera inadvertida. Es evidente que la pertinaz sequía unida a las altas temperaturas conforman una bomba que estalla a la menor chispa que prenda la mecha de la torpeza, la imprudencia, el accidente o la intencionalidad.
Si año tras año nos encontramos con este mismo escenario de imprevisión, carencias de medios tanto materiales como humanos y con las mismas llamadas de auxilio al Estado, es que algo está fallando de forma repetitiva y por lo tanto los responsables políticos no están cumpliendo bien su función. Se presta mucha atención a las infraestructuras industriales y de transporte y nos olvidamos de las infraestructuras naturales que no son otras que nuestros montes, ríos, lagos y playas. Puentes, carreteras, líneas férreas, se construyen en pocos años; el bosque se reconstruye en décadas, si es que después de un incendio se opta por su reconstrucción.
Los incendios no son inadvertidos pues las estadísticas y la sequía de verano son elementos que hacen pronosticar con fiabilidad el riesgo alto de incendios de un año para otro. Pero año tras año nos encontramos con las mismas carencias de medios materiales, de efectivos humanos, y con la consiguiente y consabida llamada a las Fuerzas Armadas.
Se ha generalizado ya entre la opinión pública la creencia que, ante la escasez de recursos humanos en cualquier contingencia, las Fuerzas Armadas deben aportar su personal como una obligación de las mismas. Algunos de los componentes de las FAS así lo creen también y muchas veces se critica la tardanza en ser empleados en tales ocasiones.
El punto 3 del artículo 5 de la Ley de la Defensa Nacional dice lo siguiente:
“Las Fuerzas Armadas, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente”.
Esto, que puede estar reñido con el mandato que hace la propia Constitución a las FAS, y que aquí no vamos a discutir, esta siendo utilizado por los gobernantes con total libertad de acción, disponiendo del Ejército como si en un estado de guerra nos encontráramos. Se moviliza a los militares suspendiéndoles sus vacaciones e incluso sus permisos tras la llegada de una misión internacional para incorporarlos en misiones de apoyo a las labores de extinción.
Centrándonos únicamente en la aplicación de la ley y por tanto en la actuación de las FAS en dichas misiones, hemos de tener en cuenta los siguientes aspectos fundamentales:
1.- La actuación de los militares en misiones distintas a la defensa militar de España ha de ser totalmente profesional y no se ha de pensar que la misma obedezca a una cierta voluntariedad de aquellos a tenor de su “elevado altruismo”. El empleo de las FAS ha de ser acorde a su preparación y en ningún caso podrán actuar en acciones para las que no estén instruidos y suficientemente preparados. Es un hecho que en caso de incendio el personal civil que voluntariamente acude a realizar labores de extinción no suele estar preparado pero obra con esa voluntariedad y casi exclusivamente bajo su responsabilidad, cosa que no ocurre con una institución que actúa como un cuerpo profesional y sin esa voluntariedad. Los militares no son voluntarios sino profesionales supuestamente preparados cumpliendo con su trabajo al igual como los cuerpos de bomberos, por ejemplo, cumplen con el suyo.
2.- La preparación que lleva a cabo el militar para su participación en misiones de índole puramente militar, es decir de defensa y de acciones de combate, le lleva a disponer de un entorno que propicie una simulación de lo que pueda llegar a ser unas condiciones parecidas a las que se puedan dar en acciones reales. Así, tener una preparación en condiciones de vida duras pasa por dormir en tiendas de campaña, dormir a la intemperie, comer muchas veces en frío, tener horarios extremos, etc. Claro que en acciones reales los servicios logísticos han de proporcionar las mejores condiciones de vida y para el descanso, que se puedan dar para tener siempre al personal bien descansado, bien alimentado y bien atendido.
Cuando las misiones que se realizan no son puramente militares, siendo de apoyo a otras instituciones, ¿por qué se les sigue tratando a los militares como si estuviesen de maniobras o de ejercicios? ¿Por qué no se les trata como mínimo de la misma forma que a los cuerpos o instituciones apoyadas? Ya asistimos anteriormente a situaciones como las que se dieron en “las vallas” en Ceuta y en Melilla donde las FAS tuvieron que apoyar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y lo hicieron en condiciones pésimas de trabajo y en condiciones de vida muy inferiores a las condiciones en que realizaban su trabajo la Guardia Civil que era la institución apoyada. En Galicia está ocurriendo lo mismo. Turnos exhaustivos, descanso nocturno en lugares como camiones, el suelo de polideportivos o a la intemperie, remuneración pésima con la que además se han de pagar la comida y, en general unas condiciones como si estuviesen en unas maniobras.
Nos encontramos de nuevo con las mismas situaciones que venimos denunciando en cuanto a las condiciones de trabajo del militar y al reconocimiento de su labor. El ministerio continua apoyándose en la actitud callada del militar (por ley que no por vocación), para acometer empresas que de otra manera les resultaría mucho menos rentables. Dormir en la caja de un camión, realizar misiones para las que no están preparados, perder sus vacaciones (con hoteles y apartamentos ya pagados), pagarse la comida fría que les sirven con los cuatro míseros euros con que les remuneran por estar en esas operaciones, aguantar calladamente, por imperativo, los turnos penosos de trabajo, realizar patrullas de vigilancia en apoyo a la Guardia Civil y policías locales son, entre otras cosas, factores que no se tienen en cuenta a la hora de reconocer y remunerar al militar.
Al Estado le sale rentable utilizar a las FAS en calamidades que algunos calamidades no son capaces de prever; y mas rentable le saldrá aún cuando empiece a estar operativa la Unidad Militar de Emergencias. Y los militares, ¿van a seguir callados?
-AUME- .