ElFarodeCeuta, 9 de octubre de 2005
Las Fuerzas Armadas han de garantizar la soberanía e independencia de España, así como defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Algo tan obvio a la vista del Artículo nº 8 de la Constitución Española parece perderse de vista a la hora de emplear al Ejército en algunas misiones para las cuales es requerido por parte de los poderes públicos. No se puede entender claramente la presencia de tropas españolas en las diversas misiones y operaciones que últimamente vienen realizando, dentro del marco que la Constitución establece para sus funciones.
Misiones como las que aún se continúan realizando en lo que fue Yugoslavia, las misiones en Afganistán, las de Irak, la reciente y la anterior en la zona del Kurdistán, la misión en Kirguizistán, misiones en África, misiones de Cascos Azules, operaciones de ayuda a la población dentro ya de territorio nacional como en inundaciones, fuegos, inclemencias meteorológicas y, un sinfín de actuaciones mas, son difícilmente encajables en el mandato constitucional anteriormente mencionado.
Es comprensible que, ante la inexistencia de un cuerpo profesional capaz de llevar a cabo muy diversas tareas donde, la exigencia del sometimiento a grandes riesgos, la capacidad de soportar las inclemencias que determinados estados de calamidad provocan, su posibilidad de reacción rápida, así como su facilidad de intervención autónoma y facultad de larga permanencia en zonas de catástrofe, nuestros dirigentes caigan en la tentación de que sea el Ejército una clara opción para su utilización en tales eventos.
Mas comprensible es aún si adjuntamos el hecho de que este “cuerpo”, el Ejército, está sometido a una dura disciplina y a un acatamiento estricto a, prácticamente, cualquier orden que se le de en virtud de que sus miembros no puedan protestar de forma directa ante la amenaza de sanción disciplinaria.
Y ya, resulta “de cajón” su empleo, cuando además, su utilización es prácticamente gratuita debido a los bajos costes que en materia retributiva se producen.
Un claro ejemplo de lo expuesto anteriormente lo estamos observando estos días junto a las vallas. Así vemos al Ejército empleándose en el apoyo a la Guardia Civil en un problema de control de fronteras (que no de integridad territorial), de orden público y de desgracia humanitaria, con unos medios que no les son propios, con una inexistente preparación y con una absoluta carencia de autoridad policial. Pero claro, cabe preguntarse que es entonces lo que puede aportar el Ejército en la situación presente para estar siendo empleado de la forma en que lo están haciendo, la respuesta es elocuente, un gran número de personal sobre la zona haciendo prácticamente de pantalla, dispuesto a realizar lo que se le ordene de forma callada y sumisa.
Este personal esta realizando unas jornadas abusivas con una botella de agua y sin apenas descanso, sin remuneración por dicho esfuerzo y distraído completamente de su preparación y adiestramiento en su verdadero cometido como militar. No es que la Guardia Civil mantenga un status mucho mejor debido a la falta de medios y efectivos en su labor diaria, pero lo que no es de recibo es que unas fuerzas que vienen a apoyar, a ayudar, tengan que soportar unas condiciones tan extremadamente denigrantes tan alejadas de las que normalmente tienen los efectivos de la Guardia Civil.
El Ministro de Defensa, en una alocución reciente, aludiendo a unas declaraciones del JEMAD, sentenció que “… los militares no son mudos, ni podemos tampoco taparles la boca ejercitando un derecho o cumpliendo con lo que puede ser una prerrogativa reconocida en las leyes…”. En virtud, no tanto del fondo de estas declaraciones, sino de la realidad de lo que en ellas se dice, debemos hacer mención al derecho constitucional de libertad de expresión, que el militar sólo tiene restringido en el aspecto de no poder revelar información que pueda resultar perjudicial para la seguridad o bien que pueda ser obtenida por razón de su cargo o destino. Debemos ir perdiendo el miedo a poder expresar nuestras opiniones, eso si dentro de la estricta legalidad. Informar, denunciar, exponer abiertamente toda la problemática del mundo militar debería ser norma común entre los miembros de los Ejércitos y facilitar al mando y a los poderes públicos el conocimiento de los abusos a los que el propio sistema nos somete en numerosas ocasiones.
Ante las situaciones que se están produciendo estos días junto a las vallas, debemos dejar de ser mudos, Es mucho ya el retraso que llevamos los militares respecto del resto de ciudadanos en cuanto a reconocimiento de derechos que aún se nos restringen. Para su consecución es necesaria una participación activa de todos y cada uno de los militares. Es buen momento para ello pues el marco normativo con el que se nos esta dotando necesita de nuestra aportación y es lícito y obligado que se nos escuche y tengan en consideración nuestras ideas, experiencias y voluntad de aportar soluciones a la problemática del militar.
El último Consejo de Ministros ha creado la Unidad Militar de Emergencias, encaminada a poder atender a los ciudadanos en situaciones de emergencia que pongan en peligro su seguridad y bienestar. Es de esperar que con esta unidad podamos contar ya con unos efectivos bien preparados y pertrechados que puedan atender a cada una de las distintas emergencias que pudieran darse sin tener que estar recurriendo siempre al ejército multiusos carente por lo general de dicha preparación y de los medios necesarios. Esta unidad podrá evitar las situaciones de sentimiento de inutilidad que surgen entre los militares en actuaciones como las que se dan estos días en las vallas y también las situaciones denigrantes que aparecen durante su actuación en dichos lugares.
Sabedores ya nuestros dirigentes de que no somos mudos, esperemos que sean capaces de escucharnos, pues mucho podemos aportar siendo conocedores directos de las carencias y necesidades que existen durante el desarrollo de las labores diarias y en todas aquellas extras que se nos encomiendan.
Tener un ejército multiusos y barato sólo nos lleva a situaciones de ineficacia y de indignidad.
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