
María Tomás, Valencia
Este es un relato que no narran sus protagonistas. Los guardias civiles y los periodistas son los que escriben sobre los militares en el libro Ciudadanos y soldados. Es Bravo un personaje que ejemplifica las libertades prohibidas de quienes forman parte de las Fuerzas Armadas españolas, que siguen esperando la promesa de una ley de derechos y deberes a la que el gobierno español está obligado por el Parlamento Europeo desde diciembre de 2005 y que hoy parece querer ser sustituida por reales ordenanzas que podrían solapar ese derecho.
Y es que no estaban hablando del Ejército de Gila que le pedía los tanques al enemigo. Bravo fue privado de libertad durante más de un mes por acudir a una concentración reivindicativa de los guardias civiles asociados. Y eso que estaba de permiso e iba de paisano y en representación de su cargo.
Porque los militares no pueden escribir su propia historia ni denunciar sus problemas laborales, ni hablar de sus persecuciones, como sí lo hizo el periodista José Manuel Gabriel recordando el caso Sodecta, que también acabó en prisión hoy reconocida como injusta, o la todavía ingente tarea de los servicios especiales del Ministerio de Defensa.
La disciplina y la lealtad pesan en una institución que, por dentro y por las alturas, huele a instrumento de control social de la dictadura, aunque hayan pasado ya muchos años y en Europa corran otros vientos para los Ejércitos profesionales.
Todos estos problemas, con un exhaustivo repaso histórico, se encuentran explicados con datos y señales en el libro que Brosquil ha editado llenando un vacío editorial y que han escrito Fernando Carrillo, psicólogo y ex secretario general de la AUGC (Asociación Unificada de Guardia Civil); Manuel del Álamo, periodista y director de publicaciones de la AUGC y José Manuel Gabriel, periodista especializado en información sobre seguridad e interior.
Todos ellos participaban en su presentación en el Club, (donde por cierto se gestó la idea de escribir este libro), moderados por el coordinador de la sala, Josep Lluís Galiana .
«No es un libro contra los militares. No es un libro contra el Ministerio de Defensa. Es un libro a favor de las Fuerzas Armadas y de los profesionales de los Ejércitos», señalaba Carrillo que, entre otras cosas, recordaba los agravios comparativos que en derechos sufren los militares españoles que cubren misiones en el extranjero.
«Es un libro de estilo periodístico, de fácil lectura, que repasa la historia y aborda diversos e injustos casos en torno a la aspiración legítima que persigue el asociacionismo militar en España para dignificar las condiciones profesionales y laborales de los soldados y marineros», aclaraba Galiana.
Una forma de reclamar la necesidad imperiosa de poner en marcha cauces de participación democrática. «Preocupa que una institución tan importante siga en una organización con tanto secretismo. Es necesario que entre aire limpio y democrático», afirmaba Álamo recordando que todavía funcionan los tribunales militares y criticando a los políticos «fariseos» que ensalzan la institución «pero se olvidan de las personas».
Álamo también instaba a mejorar las relaciones entre el pueblo y el Ejército. «Esperamos respuestas del Ministerio. Hay una nueva etapa y tendremos que integrar nuestras Fuerzas Armadas en el entorno europeo». De hecho, el prologo es de Emmanuel Jacob, presidente de la Organización Europea de Asociaciones Militares Euromil que agrupa a más de medio millón de militares.