Nuestros soldados deben mentalizarse sobre el riesgo en Afganistán

21 Diciembre 08 – Madrid – Diego Mazón

Tiene la sonrisa franca y el porte amable. Resuelve  su primera entrevista como jefe de Estado Mayor de la Defensa con confianza, sin dudas. Orensano de nacimiento, asegura, con media sonrisa, que no se esperaba su nombramiento. A sus sesenta años, joven para esas alturas militares, conserva el aire de piloto y trata de mantener la forma corriendo de vez en cuando. Tiene clarísima la responsabilidad que desempeña, y cuando habla de los soldados lo hace con orgullo y seguridad. En el poco tiempo que tiene libre trata de leer y de estar con sus hijos, sobre todo con Paula, la pequeña. De ahí que cuando uno le pregunta qué está leyendo y qué película ha visto el resultado sea surrealista: «Ética de la hospitalidad», de Daniel Innerarity, y «Madagascar 2».

En el tiempo que lleva al frente del Estado Mayor de la Defensa, quizás el cambio más importante haya sido la supresión del límite de 3.000 efectivos. ¿A qué respondía esa supresión si se admite una capacidad de despliegue de 7.700 soldados?
–La supresión del límite de los 3.000 es una consecuencia de la aplicación de la Ley de Defensa Nacional, que prevé que sea el Parlamento quien autorice la participación en cada misión y con qué número máximo de efectivos. Por tanto, puede que el número de soldados en el exterior sea 1.000, 2.000 o 3.000, dependiendo de la voluntad del Parlamento.
–Al planificar las misiones, ¿le ayuda no tener ese corsé?
–No existía ningún problema con el límite y no lo vamos a tener ahora. A nosotros lo que nos marca las necesidades es el tipo de misión, el número de efectivos, y el plan de operaciones. Hasta ahora, todas las operaciones que están en marcha están dimensionadas en función de la misión a desarrollar y de las tareas. Creo que ninguna está sobredimensionada ni dimensionada por defecto.
–¿No hay ninguna misión que precisaría de un reajuste?
–Ahora mismo, no. Si cambia una misión o los objetivos habrá que redimensionarla, pero ahora mismo no hay ninguna que, para los objetivos diseñados, necesite un replanteamiento.
–Desplegar 7.700 militares supone tener más de 23.000 efectivos implicados en un año…
–Una cosa es la capacidad de desplegar fuerzas en el exterior y otra es la capacidad de despliegue sostenido. Hay fuerzas que tienen que estar destinadas a misiones «internas», de vigilancia y control de los espacios aéreo y marítimo, el mantenimiento de una capacidad de disuasión, y otra parte que tiene que estar sujeta a los correspondientes ciclos de adiestramiento, formación, y compatibilidad con la vida familiar. Están establecidos unos ciclos de formación de 24 meses, de los cuales hay siempre 12 meses para la fase de preparación, 6 en disponibilidad para la misión específica y otros 6 en la fase de proyección. Hay un periodo mínimo entre despliegues de 18 meses para el personal de una misma unidad. Eso hace que podamos tener la capacidad de despliegue sostenido de 7.700.
–¿Hasta qué punto se puede sostener un despliegue así?
–La cifra está en función de unas premisas: que sean un máximo de dos operaciones principales y otros cuatro de menor exigencia. Y también, dependiendo del tipo de misión. Si fueran sólo operaciones marítimas o aéreas, lógicamente el límite no sería 7.700. Ésta es la capacidad de despliegue sostenido en la que se incluyen fuerzas de los tres ejércitos.
–¿Bajo qué nivel de riesgo están trabajando ahora nuestras tropas en Afganistán?
–El nivel de amenaza es alto en el país, pero las medidas de seguridad nunca se han relajado, no bajamos la guardia. Estas medidas, en cuanto a medios y a adiestramiento, siguen al máximo nivel. Muchas veces centramos nuestra percepción en el material, pero es fundamental la mentalización de nuestros soldados. No es la misma amenaza en Chad que en Afganistán. En el periodo de adiestramiento de nuestras fuerzas, les instruimos en el tipo de amenaza.
–La sensación es que eso es ahora una guerra. ¿Ha cambiado la misión?
–La misión que están desarrollando es la que la OTAN ha fijado para toda la fuerza multinacional de ISAF y no ha cambiado. Lo que ha cambiado, como ya ha señalado la ministra, es la situación de seguridad en Afganistán. Y una prueba es el reconocimiento que tiene la sociedad a la labor que están haciendo nuestros soldados.
– ¿Las condiciones entonces?
–Lo que ha cambiado es la situación de seguridad en Afganistán. Nuestros soldados están perfectamente preparados para la misión que desarrollan y se les está dotando de los mejores medios para hacer frente a la situación.
–¿Qué ha fallado en la estrategia común para que Afganistán esté ahora peor que hace dos años?
–Probablemente se debería mejorar la coordinación entre las dos misiones que hay en el país: ISAF y Libertad Duradera. Debemos seguir avanzando por ese camino, en el de coordinar mejor los medios para lograr el desarrollo y la reconstrucción con seguridad. No puede haber una sin la otra.
–¿Cuál ha sido el detonante para que los talibanes se hayan extendido por todo el país?
–Aunque la situación ha cambiado, la provincia de Badghis no es de las más problemáticas en cuanto a número de incidentes. Evidentemente, cuando afecta a nuestros soldados tiene más  repercusión en nuestro país, pero estadísticamente las zonas más conflictivas siguen siendo las del sur.
–¿Se plantea reforzar la misión?
–Nuestro contingente está dimensionado en función de las misiones que tenemos asignadas. Si hubiera un cambio en la misión o en las tareas habría que ver si es necesaria una revisión.
–Hay elecciones previstas en Afganistán en primavera. ¿Podemos entender que volveremos a mandar un batallón electoral?
–Al cambiar las tareas habría que proceder a un nuevo proceso de generación de fuerzas. Ese proceso se convocaría con motivo de esas nuevas tareas que habría que hacer, y entonces se pediría a las naciones contribuciones adicionales. Ahí, España, como los demás, podría hacer su aportación, y entonces habría que dimensionar esa fuerza.
–¿Se puede hablar de una cifra aproximada de efectivos?
–Dependería de las circunstancias. Si el proceso es similar a otros, la aportación podría ser parecida a la de anteriores elecciones. Pero dependería también del momento actual. Estamos implicados en otros escenarios en los que no estábamos antes.
–Las tropas están haciendo bien la reconstrucción, pero, cuando hay que combatir, demuestran estar a un gran nivel, sin una sola baja española en combate.
–Hay unas reglas de enfrentamiento, unos procedimientos, y eso forma parte también del trabajo de adiestramiento. Cuando una columna que está prestando apoyo al Ejército afgano es sometida a un hostigamiento hay unos procedimientos a aplicar. Si se produce un ataque, nuestras tropas responden y piden apoyo si lo necesitan. Hay unas medidas de seguridad que pasan por disponer, no sólo de los medios adecuados, sino también de una doctrina de empleo de la fuerza. Eso nos proporciona el nivel de seguridad que va asociado a una buena formación.
–¿Hay un planteamiento fijo sobre qué hacer con el opio, uno de los principales problemas allí?
–Lo que está establecido es que es responsabilidad de la policía afgana. Dentro del plan de operaciones en vigor, nuestra contribución se concreta en prestar apoyo mediante acciones en inteligencia, en mando y control… pero no entra como un objetivo militar.
–Combatimos el terrorismo allí para evitar que llegue aquí. ¿No se puede hacer un paralelismo con la droga?
–Bien, pero hay que diferenciar las responsabilidades policiales y las militares dadas a la misión.
–¿Cuál es la situación en Líbano?
–Está aparentemente más tranquila, pero nuestra responsabilidad es no bajar la guardia y mantener esa alerta y vigilancia por si las circunstancias cambian en cualquier momento. Hay que mantener una tensión vigilante, no hay que relajarse. Es una situación que puede cambiar en cualquier momento, pero la tranquilidad actual puede ser una consecuencia de esa presencia internacional.
–¿En qué afecta no haber accedido al mando en Líbano ahora?
–La ONU suele conceder el mando por un año, pero casi siempre lo prorroga hasta un máximo de tres. Ahora están siguiendo esa norma de conducta. Es lo que ha ocurrido con el general Graziano, que tiene el mando hasta febrero de 2010. Luego, optará España.
–¿No lo reclamará Francia?
–Eso es una decisión del secretario general de la ONU. Hay que tener en cuenta que estamos mandando la célula estratégica de UNIFIL en Nueva York, que es la que coordina. Hay una responsabilidad compartida.
–La misión de Somalia, ¿puede sentar un precedente por defender unos intereses particulares?
–Esa fue la primera reacción que se produjo. Pero si vemos ahora la reacción internacional evidentemente hay algo más. Se está luchando contra la piratería, se está contribuyendo a proteger intereses nacionales y a reforzar la seguridad de la navegación en unos mares donde estados fallidos no son capaces de poner orden. Se han involucrado la ONU, la OTAN, y muchos países. Ahí se protege la libre circulación, comunicaciones, y se trata de erradicar un delito como la piratería, que no sabes dónde puede acabar.
–Hemos visto cómo ha combatido la piratería Francia y cómo lo hemos hecho nosotros. ¿Qué postura va a pesar más a la hora de elaborar las reglas de enfrentamiento?
–Ahora se ha generando una fuerza, un plan de operaciones y unas reglas de enfrentamiento, y esas están acordadas y son para todos. Ya no cabe la capacidad de hacer cada uno lo que estime.
–Pero se puede proteger «a la francesa» o a nuestro estilo.
–Ahora se va a defender con reglas comunes. Se establece la capacidad de desviar el tráfico, la de abordaje y se está regulando la parte más compleja, el tratamiento de los detenidos, porque según el barco que los detenga está sujeto a una legislación o a otra.
–¿Hay ya un acuerdo definitivo para la misión en Islandia?
–Islandia es un país que no tiene Fuerzas Armadas, solicita de la OTAN policía aérea y se establecen unos acuerdos por los que Islandia se compromete a asumir unos gastos y las naciones se ofrecen para cubrir esa necesidad. España se ofreció a hacerlo en abril. ¿Qué ha pasado ahora? Islandia ha cambiado sus condiciones, por la crisis económica, y dice que no puede asumir los gastos comprometidos. La OTAN lo tiene en estudio.
–¿Estamos en disposición de enviar un contingente a Congo?
–Hay un debate político en la UE, sobre si se lleva a cabo esa operación. Si es que sí, se pasará a la generación de fuerzas. Es una pregunta que debe responderse a nivel político.

Kosovo sí, pero con condiciones
–No se termina de entender muy bien que tengamos tropas en Kosovo, un país autoproclamado independiente y que no reconocemos.
–Nosotros estamos en Kosovo de acuerdo con un plan de operaciones OTAN elaborado al amparo de una resolución de la ONU, la 1.244, que no ha cambiado. El plan de operaciones no ha cambiado. Si cambiara la resolución de la ONU que sostiene ese plan de operaciones estaríamos en otro escenario que habría que analizar. Seguimos trabajando en el marco de la resolución 1244 para mantener un entorno seguro, garantizar la libertad de movimientos en todo el territorio y proteger a la población local. Insisto, si este marco se modificara, el Gobierno estudiaría la nueva situación.

«Nuestra base económica nos permite afrontar la nueva etapa»
–¿Tiene aquí especial incidencia la caída del presupuesto?
–Partimos de una base que permite afrontar bien esta etapa, con un incremento del presupuesto de Defensa en los últimos 4 años del 26%. Los programas más importantes ya estaban comprometidos y se mantienen. La prioridad de la seguridad de las tropas en el exterior está asegurada y las necesidades básicas de las unidades también están aseguradas. Lo importante es que ha habido un crecimiento importante en los últimos años y eso nos permite afrontar con garantías esta nueva etapa.
–Los anteriores jemes dejaron su lista de prioridades. ¿Se pueden mantener esas peticiones?
–Siempre que afecten a la seguridad de las tropas en el exterior se van a mantener. Blindados, inhibidores, equipos de radio, etc, se mantienen. En el caso de los UAV, como son medios de inteligencia para mejorar la seguridad en el exterior, va a haber prioridad.
–¿Se está presionando para tener antes los sustitutos de los BMR?
–Hay un plan de adquisición que no sólo se está cumpliendo a rajatabla sino que en algunos casos se está desarrollando con antelación, como en el caso de los blindados RG-31, cuya recepción se va a anticipar en 6 meses. En la medida que vamos recepcionando los nuevos blindados, como en el caso de los Lince, los ponemos a punto y se despliegan.

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