Pitarch y el reclutamiento

El Faro de Ceuta, Por Carmen Echarri, 18 de febrero de 2006

El teniente general Pitarch giraba ayer visita a Melilla con el mismo interés con el que vino a Ceuta. Revisar la plaza, hablar poco con los periodistas cumpliendo un esqueleto que no permita la intromisión de plumilla alguno y cumplir la papeleta que se le ha avecinado desde que el general Mena metió la pata en plena Pascua castrense por decir lo que muchos militares piensan e incluso comentan, pero siempre dentro de los cuarteles.

En sus declaraciones a los melillitas Pitarch se descuelga con el típico discurso que los mandos quieren escuchar pero nadie, a estas alturas, cree. Negó que hubiera problemas para el reclutamiento de jóvenes para el Ejército, destacando incluso que “cada vez hay más”. Claro está, el jefe de la Fuerza Terrestre no pudo más que complementar con sus palabras la patética campaña publicitaria con la que Defensa busca regalar los oídos a los jóvenes que todavía creen ilusamente que cualquier tiempo pasado fue mejor y que el futuro está en las Fuerzas Armadas, en donde todavía no se aceptan disparidad de opiniones y en donde todavía se ordenan la realización de informes internos sobre aquellos militares que se desvían del camino es decir, que se muestran partícipes de asociaciones democráticas y reconocidas como AUME o se arriesgan a utilizar la cabeza para algo más que llevar el sombrero.

Tras lo dicho por Pitarch, me pregunto si el teniente general no habrá pensado en la falta de control que se está teniendo a la hora de permitir la entrada de jóvenes en las Fuerzas Armadas, aplicando el todo vale y rellenando las filas con soldados de los que, luego, los propios mandos no se fían evitando que cumplan guardias en puntos estratégicos -y todos sabemos a qué me refiero-, chavales con una ristra de movidas judiciales a sus espaldas que para sí la quisieran los mafiosos de tres al cuarto que todavía pululan por la ciudad o individuos que cuando se producen momentos de tensión -recordemos el Perejil- dudan, a estas alturas, de su patria, del deber de defensa y de su cometido. Podemos hablar de porros, amenazas y discriminaciones… pero eso es rizar demasiado el rizo para valorar unas manifestaciones oficiales pero ¿certeras?.

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