Sombras de luz extinguida

ElFarodeCEuta, 17 de octubre de 2005

Por Jorge Bravo Alvarez -Asociación Unificada de Militares Españoles-

De cuanto nos alcanza la memoria vemos que, transcurrido el tiempo, somos capaces de asimilar todo aquello que de alguna manera se nos hace familiar, cercano, costumbre.

Así nos acostumbramos a ver un hijo correteando por casa cuando antes no teníamos, nos acostumbramos al ordenador y a Internet cuando antes solo contábamos, si acaso, con radio y papel para enviar cartas, nos acostumbramos a ser gobernados por distintos gobiernos, nos acostumbramos a vivir con variados sentimientos que con el paso del tiempo hacemos nuestros o simplemente ignoramos haciéndolos parte del entramado de la vida cotidiana.

Solamente, con el paso de unas décadas somos ya capaces de aprender a convivir con hechos, sentimientos, situaciones, imposiciones, etc., que en un pasado nos pudieran resultar factores negativos de difícil acomodación en nuestra vida. Sin embargo, aunque culturalmente podamos tener una cierta objetividad sobre estos aconteceres, tenerlos presentes y situar su acción en el tiempo, el hecho es que somos un animal de costumbres pero acomodadizo y por ello nos acostumbramos en seguida a vivir el mundo que nos toca, a admitir los hechos consumados, a dejarnos llevar por la corriente del mundo que nos envuelve, que nos cobija y que nos alinea.

Bien es cierto que el propio sistema nos permite un cierto juego, una flexibilidad que nos lleva a sentir un grado de libertad el cual disfrutamos como logro de la civilización dentro de ese continúo acostumbrarse ante tanta claudicación. Un grado de libertad que nos convierte en espíritus protagonistas de una acción que es conducida por las fuerzas que el propio sistema utiliza para salvaguardia de su propia existencia y que sin embargo permite que a través de los poderes políticos podamos redefinir continuamente nuestro devenir inmediato aunque lo hagamos a través de un sistema de representatividad.

Somos producto de una historia y como tales somos ya parte de ella. Pero que la historia nos haya traído hasta aquí no implica que continuamente nos hable dirigiendo nuestros pasos, pues lo que nuestros antecesores consiguieron no era otro empeño que el ir reparando los desarreglos que su pasado inmediato les procuraba para conseguir una convivencia mejor en su presente y futuro próximo.

No podemos pensar que las acciones llevadas a cabo por los poderes de tiempos anteriores, cincuenta, cien o trescientos años atrás, buscaban dar una solución de convivencia a nuestro presente, ni tan siquiera trataban de imponer el germen de un modelo de futuro a largo plazo, pues lo que interesaba era “su presente y futuro inmediatos”.

En estos días convulsos para las enseñanzas de humanidades, (parece ser que se tiende a disminuir dichas enseñanzas), hemos de pensar que quizás alguien se equivoca y lo que habría que hacer es precisamente potenciarlas ya que el alto grado de desconocimiento que existe sobre nuestro pasado es tal que desde los poderes políticos se utiliza fácilmente para vender sus productos con su óptica histórica.

Si bien, es cierto que desde el derecho, que es quizás una de las categorías que a lo largo del tiempo mejor mantienen su carácter de continuidad, puede existir un enfoque histórico que suponga un sustrato o pilar básico para la concepción de la identidad de los pueblos, pero este hecho ha de ser una base para las consideraciones y no un punto de partida para las imposiciones.

La manipulación con retóricas basadas en una visión subjetiva de la historia resulta fácil cuando se extrapolan hechos, sentimientos y el funcionamiento de sistemas de poder en distintos momentos históricos. Estamos aquí por nuestra historia y hay que honrarla, pero no podemos permitir que hipoteque nuestra libertad y el progreso que nos queramos dar.

Nuestro pasado más reciente e influyente en este presente lo subrayó La Transición. Durante la misma se hicieron encaje de bolillos para dar gusto a todo el mundo y sobretodo para evitar un cambio traumático en la sociedad. Hemos hecho costumbre de vida democrática y esta tiene que funcionar libre de ataduras, dejando los enfoques subjetivos de la historia y trazando el futuro estimando el presente con el conocimiento de los hechos ocurridos en un pasado que no nos soñó y que fue dueño de su presente.

Echemos miradas al cielo nocturno y contemplemos el magnífico espectáculo que nos muestra. Sepamos de su composición, del conocimiento que alberga, de su física y su química, de su evolución. De si el nos dio la vida o simplemente la animó.

Las estrellas nos cuentan historias y nosotros las damos nombres ya que desconocemos si los tienen. Observamos sus colores, medimos su calor y sabemos algo de su viaje por el universo. Y en la noche observamos su encanto y nos damos cuenta de su valor. Pero la tenue luz que nos llega de ellas forma sombras livianas, sombras de luz de estrellas que son ya una ilusión pues se apagaron o se fueron de donde las vemos, sombras que apenas se sienten y que enseguida las engulle el sol.

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