UN CAMINO POR ANDAR

El Faro de Ceuta
El militar continúa teniendo graves problemas de conciliación de su trabajo con la vida familiar. Los múltiples cambios de domicilio, el cerrado camino de la queja o expresión de malestar en temas de índole de desarrollo profesional, las graves carencias de condiciones de vida apropiadas en las misiones en el extranjero, la vejatoria acción correctora del Régimen Disciplinario

La lucha por la consecución de derechos y el  reconocimiento de los mismos ha sido  la tinta con la que se ha escrito gran parte de la historia del hombre.  Aunque esta lucha es continua y siempre surgirán nuevas situaciones entre las relaciones de las personas y la sociedad en la que viven generando derechos, es mucho ya el camino recorrido a lo largo del cual se han  sentado  las bases para una convivencia democrática conformada en un Estado de derecho. Sin un gran marco de derechos sería inviable la sociedad democrática, como lo demuestran  democracias nacientes débiles que surgen en países del tercer mundo, donde la falta de algunos derechos fundamentales los mantienen al borde de su derrocamiento.

 

    Son grandes los avances que las sociedades democráticas consiguen a través de sus sistemas políticos, en cierto modo gracias a la presión ejercida por la ciudadanía, que en una continua actividad reivindicativa posibilita hacer llegar al legislador sus problemas, inquietudes y propuestas gracias a los cauces  que las democracias consolidadas desarrollan para ello. Tanto es así que se siguen consiguiendo nuevos logros, en parte debidos al concurso de las relaciones entre Estados y de la adopción de tratados internacionales que van uniendo poco a poco a ciudadanías de otros países con un común denominador de derechos. Ahí está, por ejemplo, el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

 

    Sin embargo, la realidad demuestra que suelen existir colectivos donde no se alcanzan plenos derechos en mayor o menor grado, siendo el de los militares en España un ejemplo claro de ello, por el gran número de afectados  y  por la carencia de algunos derechos fundamentales.

 

     Tal es así, que ante esta carencia  o falta de reconocimiento, el  militar siente el abandono de las instituciones del Estado de tal forma que se ve en la obligación de tomar medidas que consigan equilibrar la situación generada por esa falta de derechos.

 

    Sabemos de acciones efectuadas por militares de forma individual, o incluso al mando de alguna fuerza, que han originado el consiguiente correctivo disciplinario. Conocemos muchos datos anecdóticos que aparecen en prensa, pero precisamente por la gran falta de transparencia que existe en el conocimiento de lo que de verdad ocurre dentro de los cuarteles, el resto del pueblo ignora los grandes atropellos, a la persona y a su dignidad, que se dan  en el seno de las propias Fuerzas Armadas.

 

    Como muestra de la falta de un desarrollo democrático que posibilite cauces de participación, podemos mencionar el cambio que ha supuesto, en la razón de ser de su profesión, la implementación de las misiones a cumplir,  dotándoles de la Ley de la Defensa Nacional. También les han cambiado la estructura del colectivo del militar profesional con la Ley de Tropa y Marinería. Se les engaña con una teórica subida de retribuciones para los empleos más bajos, resultando todo lo contrario la aplicación del Reglamento de retribuciones. Se les viene encima una nueva ley de personal que amenaza con aumentar el descontento, aún si cabe, y se les hurta una ley de derechos y libertades que no termina de llegar después de años solicitándola y existiendo ahora una promesa electoral y un mandato parlamentario para ello. Con todo, no se les ha escuchado de manera formalizada, todo aquello que tenían que aportar en cuanto a la exposición de su verdadera problemática, sus carencias, sus propuestas y sus reivindicaciones. Después de treinta años de democracia, se sigue sometiendo a los componentes de las Fuerzas Armadas a un sistema al margen de aquella, que les imposibilita su vida como unos ciudadanos más en el seno de una sociedad avanzada.

 

   El militar continúa teniendo graves problemas de conciliación de su trabajo con la vida familiar. Los múltiples cambios de domicilio, el cerrado camino de la queja o expresión de malestar en temas de índole de desarrollo profesional, las graves carencias de condiciones de vida apropiadas en las misiones en el extranjero, la vejatoria acción correctora del Régimen Disciplinario, y las variadas situaciones de falta de dignidad que la acción del mando confiere en algunas ocasiones al traspasarse ciertos límites, no dejan más salida que la del pataleo al no existir ninguna válvula de escape dentro del propio sistema.

 

   Es así que, de una forma un tanto natural y lógica,  el nacimiento del asociacionismo en las fuerzas Armadas es una mera necesidad de un colectivo que vive en el seno de una sociedad democrática. La unión para la protección es un carácter innato de la persona, una necesidad democrática de la sociedad y un derecho fundamental del individuo.

 

    Este último año hemos podido observar un aumento espectacular del asociacionismo militar en toda Europa. Esto no es de extrañar si somos conscientes de la elevada activad militar que están llevando a cabo los ejércitos europeos en los últimos años. Actividad que en muchas ocasiones va mas allá de la mera defensa militar de un país, generando un sinfín de nuevas actuaciones que requieren de un tratamiento profesional muy distinto del que hasta ahora se venía estableciendo.

 

   Es por todo ello, por lo que desde AUME se viene brindando a los militares un verdadero y efectivo cauce democrático que canalice sus inquietudes, quejas y propuestas de una forma participativa y directa. Nunca antes había existido, desde la instauración de la democracia,  en el ámbito del militar en activo, un instrumento más eficaz que el individual conducto reglamentario para el tratamiento de los problemas de índole personal, social y retributivo.

 

      El camino está dispuesto y allanado, y para conseguir llegar a los lugares que el militar se proponga, sólo tiene que andarlo.

 

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