Publicaciones del Sur, Diario Cadiz, diciembre 2005,Rocío Picón san Fernando
El Ministerio de Defensa ha confirmado oficialmente a este periódico que no está permitido acceder a las dependencias militares portando armas y que, para evitarlo, hay controles “muy rigurosos” a la entrada. El descuido de la seguridad permitirá a la familia de la víctima exigir una indemnización por negligencia
El Ministerio de Defensa ha confirmado oficialmente a este medio a través de un escrito que no les está permitido a los soldados entrar en las instalaciones militares portando armas de ningún tipo. Para evitar cualquier tipo de irregularidad en este sentido, desde Defensa aseguran que la Guardia de Seguridad realiza controles “muy rigurosos” a la entrada de los recintos.
Sin embargo, el homicidio acaecido el pasado 20 de noviembre en el acuartelamiento de Camposoto pone en duda la rigurosidad de dichos controles, dado que en este trágico suceso el agresor empleó un arma no reglamentaria que él mismo había introducido en el cuartel cuando se supone que hay controles para impedírselo. En efecto, es preciso recordar que Senén Manuel Figueirido Pérez, joven de 27 años aspirante a soldado profesional, asestó una puñalada mortal a su compañero de promoción Héctor Aznar Castelau, de 18 años, con un machete tipo militar –que no militar–, que había llevado al cuartel entre sus pertenencias. El machete –que habitualmente se conoce como cuchillo de monte– tenía una hoja –por un lado de sierra y por otro afilado– de 19 centímetros de longitud y 4 centímetros de ancho. Un arma blanca, en definitiva, con proporciones suficientes como para que no hubiera habido problemas para localizarla en un registro medianamente severo.
La familia de la víctima
Sin embargo no fue así, y ahora la familia de la víctima podrá pedir, al margen de lo penal, responsabilidad civil subsidiaria al Estado por lo que en principio parece ser una más que evidente negligencia, un descuido en el sistema de seguridad que costó la vida a una persona y que puso en peligro la de otras muchas.
No obstante, reconocen desde la Asociación Unificada de Militares Españoles (Aume) que existe una confusión tremenda en torno a la responsabilidad civil subsidiaria (Capítulo IV del Título V del Código Penal), de manera que no resultará nada fácil hacer responsable al Estado de este suceso. “Nosotros hemos efectuado preguntas incluso en el Parlamento con respecto a esa responsabilidad y no nos han sabido responder. La responsabilidad civil subsidiaria no está muy bien definida”.
Se habló de una bayoneta
Lo cierto es que, curiosamente, en un principio desde la Subdelegación del Gobierno –quizá tratando de quitar gravedad al asunto– se aseguró que el arma empleada por el agresor había sido una bayoneta –arma reglamentaria–, un dato erróneo del que se hicieron eco numerosos medios de comunicación. Ya entonces, fuentes policiales cercanas a la investigación habían confirmado a San Fernando Información que no se trataba de una bayoneta sino de un cuchillo de campo, por lo que resulta extraño que la Subdelegación del Gobierno –que antes de dar cualquier información sobre ese caso debió consultar a la Policía– lanzara y mantuviera durante varios días ese dato erróneo.
Finalmente, la Policía Nacional lo confirmaba en rueda de prensa, el arma blanca empleada no era una de las reglamentarias y, por tanto, el agresor la había introducido en el cuartel entre sus pertenencias saltándose cualquier tipo de control.
Acceder con armas
El problema está en que, en la práctica, los controles que se llevan a cabo a la entrada de los cuarteles y a los que hace alusión Defensa no son tan rigurosos como se asegura. Pese a no estar permitido, los soldados logran introducir con relativa facilidad armas al interior de las dependencias militares.
Fuentes de la Asociación Unificada de Militares Españoles (Aume) aseguran que “habitualmente a un soldado cuando entra en un cuartel no se le registra, por lo que si alguno quiere acceder con un arma de forma ilegal podrá hacerlo de manera relativamente fácil. A menos que vaya con el arma haciendo ostentación de ello nadie sabrá que la lleva. A los que sí se suele registrar es a las personas de fuera del acuartelamiento que quieran acceder al mismo”.
En definitiva, el hecho de que Senén Manuel Figueirido accediera al cuartel con un arma no reglamentaria implica, por un lado, una irregularidad por parte de él mismo dado que debía saber que contradecía las normas, al mismo tiempo que supone una negligencia por parte de los servicios de seguridad del centro militar que no han sabido realizar su misión con eficacia.
Si además ese arma no reglamentaria, como es el caso, se utiliza para cometer un homicidio dentro de un recinto que es competencia del Ministerio de Defensa, es evidente que es éste o, en su caso, el Gobierno, el responsable civil subsidiario, y cualquier abogado, llegados a juicio, exigirá esa responsabilidad.
Registradas 22 bajas desde el suceso
Desde el día 20 de noviembre –día en que tuvo lugar el luctuoso suceso en el acuartelamiento de Camposoto– hasta la fecha se han registrado en dichas instalaciones un total de 22 bajas, según informaron a este medio fuentes del Ministerio de Defensa.
Según Defensa, en relación con cualquier otro periodo de tiempo y considerando el número de alumnos que actualmente hay en el CIMOV-2, esta cifra de bajas está dentro de la estricta normalidad, desmintiendo así las voces que aseguraban que el suceso había provocado la retirada prácticamente simultánea de numerosos aspirantes a soldados.
Al parecer, según apuntan desde el Ministerio, en las fases de formación general militar y formación específica es habitual que se registre este elevado número de bajas que, hechas las cuentas, supone, más de una retirada diaria.
Los jóvenes suelen rescindir su compromiso porque no encuentran lo que esperaban, y a ello hace alusión la Asociación Unificada de Militares apuntando que, “las condiciones no son demasiado buenas«.
“No entraría ni el gato si las pruebas fueran más duras”
r.picón san fernando
Lo ocurrido el pasado día 20 de noviembre en el acuartelamiento de Camposoto es sin duda un suceso aislado, sin embargo ha servido para reabrir de nuevo la polémica sobre si el nivel exigido a los reclutas es el adecuado. Muchos sectores critican el afán del Ejército por reclutar masivamente, y defienden la idea de un Ejército más reducido y mejor preparado. Según la Asociación Unificada de Militares Españoles (Aume), “se ha bajado mucho el listón, y ahora de lo que se trata es de meter gente como sea para cumplir con los objetivos que los políticos se marcaron en periodo electoral”.
A juicio de esta entidad, el suceso acaecido en Camposoto “puede ser un aviso de lo que puede pasar en el futuro si seguimos manteniendo las pruebas como ahora, que entra cualquiera. Si dejamos que sigan entrando sin tomar precauciones, estos sucesos podrían dejar de ser aislados”.
Para Aume, el acceso a esta profesión debería estar mejor regulado, en tanto en cuanto se trata de personas que van a manipular armas y van a tener responsabilidades sobre otras, y pone un ejemplo. “Un barco no se deja en manos de cualquiera. Para la profesión militar también se debería buscar gente concreta, que tenga una orientación profesional idónea haciendo un buen proceso de selección”.
Pocos aspirantes
De cualquier forma, desde Aume reconocen que tal y como están ahora las condiciones laborales en el Ejército, “si las pruebas fueran más duras, aquí no entraría ni el gato. Es por ello precisamente por lo que se rebajaron las pruebas, porque apenas había aspirantes que quisieran optar a un pobre sueldo”.
La solución pasaría, por tanto, según esta entidad, por que el Gobierno mejorase las condiciones del soldado profesional de manera que esto se convirtiese en una verdadera carrera. “Lo ideal es que cuando el soldado venga al Ejército lo haga pensando en quedarse y no sabiendo que, como está previsto en la nueva Ley, va a estar cinco, seis o diez años y se va a ir, por lo que no ven esto más que como un trabajo transitorio. La nueva Ley de Tropa y Marinería que está a punto de aprobarse no va a dar calidad al Ejército, porque la gente con vocación y cualidades no optará jamás por este empleo porque saben que tarde o temprano tendrán que marcharse”.
Los test psicotécnicos sólo se repiten en casos muy aislados
r.p. san fernando
Los aspirantes a soldados profesionales que accedieron al cuartel de Camposoto en la misma promoción del homicida tuvieron que repetir, días después del suceso, los test psicotécnicos que habían realizado apenas un mes antes. Según el Ministerio de Defensa, “solamente, en casos muy aislados y cuando a juicio del psicólogo se observa algún error que lo invalide, se repite este tipo de test”, por lo que este hecho evidencia que puede ser que hubiera algún error en los test previos que se habían realizado a los aspirantes de esta promoción, entre los que se encontraba Senén Manuel Figueirido, presunto homicida.
Lo cierto es que es evidente que algún fallo tuvo que haber cuando se permitió el acceso a las Fuerzas Armadas a una persona que, según se pudo saber después del suceso, padecía numerosos problemas psicológicos, además trastornos que fueron detectados incluso por sus propios compañeros.
“Ahora de lo que tratan en las Fuerzas Armadas es de meter gente como sea, pero preferimos pensar que en este caso ha habido un error”, apuntan desde la Asociación Unificada de Militares Españoles. De cualquier forma, continúan, “si ha sido un fallo, luego una vez dentro deberían haber mecanismos para detectar comportamientos anómalos”.