
MADRID.- En un momento de cambio en las Fuerzas Armadas y cuando parece que los militares están a punto de conseguir que se les reconozcan unos mínimos derechos democráticos, en Madrid se vivió ayer la presentación de un libro que hasta hace muy poco parecía imposible: un estudio sobre el asociacionismo militar español, centrado en los últimos años.
En la mesa estaban dos de los principales artífices del movimiento asociativo en el Ejército, Jorge Bravo y Mariano Casado, presidente y secretario general, respectivamente, de la Asociación Unificada de Militares Españoles (Aume). Los dos, en especial Bravo, brigada de profesión y arrestado en varias ocasiones por su actividad reivindicativa, saben de sobra lo difícil que es «hablar de temas militares».
Junto a ellos estaban dos de los tres autores de Ciudadanos y soldados (Ediciones Brosquil): Manuel del Álamo, sindicalista y jefe de prensa de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), y el periodista José Manuel Gabriel. El tercero, Fernando Carrillo, ex guardia civil y ex secretario general de la AUGC, se tuvo que ausentar por problemas personales.
Todos los presentes no escatimaron elogios hacia la lucha de muchos uniformados por «hacer ver que el militar es un ciudadano más», como señaló Bravo en su intervención.
«Al soldado se le ha tratado tradicionalmente como un objeto, como una herramienta», se lamentaba. La asociación que preside, Aume, lleva más de tres años luchando por que el Gobierno -socialista- lleve a las Cortes un proyecto de ley de derechos para los militares españoles.
Existente en casi todos los países europeos, Aume reclama que la ley reconozca a los uniformados derechos democráticos básicos, como es el de asociación. Carme Chacón se comprometió en el Congreso de los Diputados a elaborar una ley de estas características. Hasta ahora, nadie tiene noticias sobre si el Ministerio está elaborando un borrador, y muchos recuerdan que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya hizo una promesa similar en 2005 y luego no la cumplió.
Libertad de expresión
Los cuatro intervinientes incidieron en la necesidad de que «la libertad de expresión y de asociación entre en los cuarteles» y criticaron la imagen que desde el Ministerio se da de las Fuerzas Armadas, de «una gran familia donde no hay conflictos y, si los hay, se resuelven de forma interna y silenciosa». «El peligro para la democracia es la existencia de organizaciones cerradas, que van aparte», señaló Manuel del Álamo, en referencia al especial régimen jurídico de las Fuerzas Armadas.
El libro está centrado en el movimiento asociativo militar de los últimos años, en especial en la actividad desplegada por Aume y por la AUGC, dos organizaciones que siempre han colaborado abiertamente.
No obstante, los autores hacen un repaso histórico del asociacionismo en las Fuerzas Armadas españolas. Tras una breve referencia a sus orígenes en el siglo XIX, hacen especial mención a tres momentos históricos clave de la Historia de España.
El primero, las Juntas de Defensa de 1917, uno de los muchos acontecimientos que se produjeron aquel año en España y que desembocarían en la grave crisis política e institucional que supuso el fracaso definitivo del régimen de la Restauración.
El segundo, la Unión Militar Republicana, que a finales de los años 20 aglutinó a un grupo de militares en contra de la Monarquía. Su movimiento desembocó en el fallido levantamiento de diciembre de 1930 y la detención y fusilamiento del capitán Galán, sublevado en Jaca.
El tercero es la Unión Militar Democrática. Gran referencia para el movimiento asociativo actual, la UMD es un símbolo del compromiso democrático de un sector del Ejército y de la dureza con que las reivindicaciones son castigadas en el colectivo.