EL FARO DE CEUTA, 26 de marzo de 2006, AUME
Ya hemos dicho otras veces que es un descaro tener a unos profesionales de la milicia empleados en trabajos que perfectamente pueden realizar otros colectivos profesionales, claro que peor pagados que estos y en una situación casi de sumisión al no poder contar con sindicatos que puedan defender sus intereses profesionales al igual que el resto de trabajadores que efectúan idéntica misión. También hemos hablado de lo barato que le saldrán al Estado estos trabajadores, pues con el sueldo de un soldado tendrá un bombero, aguador, policía, etc. Hoy ya son hechos, las misiones de médicos sin fronteras del ejército en varios países; de constructores de carreteras, de puentes y edificios; de reparto de ayuda humanitaria como cualquier ONG; las misiones casi permanentes de policía de orden público en Ceuta y Melilla; de acogimiento de emigrantes y de construcción de campamentos para los mismos; etc., etc.
En todas las estaciones hay trenes que uno nunca sabe donde irán, salvo el que vamos a coger con billete de ida y vuelta, ese si sabemos exactamente donde nos llevará. Hay gente que sabe elegir su tren pues conoce el final del viaje, donde ha de llegar. Pero a veces, se ven personas perdidas, indiferentes, que suben a un tren, da igual cual, que les aleje del lugar al tiempo que de si mismos. Otras no conocen bien los destinos y los eligen casi al azar.
Los hay que confunden viaje con fin. Y también los que se suben en marcha para alcanzar la distancia que los separe de las penas de su vida actual.
Pero existe una estación, oscura, donde apenas se puede hablar, con un tren sobre las vías dispuesto a partir, sin letreros que lo identifiquen, sin saber a que lugar llevará y un andén lleno de jóvenes, pendientes de embarcar, en el viaje de su vida, pero sin saber cuanto recorrido podrán efectuar antes de llegar a su estación, mucho antes del final.
La Ley de Tropa y Marinería sigue imparable su marcha y pronto será una realidad. Y la verdad, es que existen muchos soldados pendientes de su aprobación pues en ello les va parte de su presente laboral. Hay muchas familias pendientes de este paso; pensemos en todos aquellos militares que tuvieron que dejar el ejército y que ahora esta ley contempla su reinserción de nuevo en el mismo.
Pero la ley, lejos de haber establecido una verdadera línea para una carrera del soldado, deja marcado de temporalidad, sujeto a diferentes contratos a los soldados que se los tendrán que ir “ganando”. Sabiendo la falta de democracia interna, de transparencia y de garantías, que hay en el ejercito, podemos intuir claramente cual será el camino de estos soldados en la consecución de un estatus de “permanente”.
De este estado de cosas ya hemos hablado en anteriores ocasiones. Ahora vamos a ver como esta situación existe no por una falta de cálculo o de tacto sino que está diseñada para que sea así y por tanto poder disponer de una masa de jóvenes que vienen y van, suficiente para satisfacer las necesidades de personal que el ejército tendrá debido a las nuevas características de las misiones que se le encomiendan.
Sabemos que La Ley Orgánica de la Defensa ha establecido unas misiones que le dan al ejército un carácter de “guardia nacional”, que lo hará estar preparado para acudir allí donde se le envíe para lo que sea. Es decir, podrá acudir a apagar incendios; a ayudar en inundaciones; podrá actuar en cualquier desastre natural, o simplemente en periodos de inclemencias climatológicas; efectuará misiones antiterroristas; también realizará misiones de orden público; actuará como una ONG; y un sin fin de tareas mas que es mejor no imaginar.
Ya hemos dicho otras veces que es un descaro tener a unos profesionales de la milicia empleados en trabajos que perfectamente pueden realizar otros colectivos profesionales, claro que peor pagados que estos y en una situación casi de sumisión al no poder contar con sindicatos que puedan defender sus intereses profesionales al igual que el resto de trabajadores que efectúan idéntica misión. También hemos hablado de lo barato que le saldrán al Estado estos trabajadores, pues con el sueldo de un soldado tendrá un bombero, aguador, policía, etc. Hoy ya son hechos, las misiones de médicos sin fronteras del ejército en varios países; de constructores de carreteras, de puentes y edificios; de reparto de ayuda humanitaria como cualquier ONG; las misiones casi permanentes de policía de orden público en Ceuta y Melilla; de acogimiento de emigrantes y de construcción de campamentos para los mismos; etc., etc.
Los soldados pueden ver en ello incluso un aliciente, pues no hemos de olvidar el carácter altruista del español de ayuda a los demás. Pero a parte de esta mal entendida ayuda que se le exige al ejército, ¿por qué no a cualquier otro colectivo, o a la sociedad en general?, está claro que la publicidad que el Ministerio de Defensa realiza para captar jóvenes, aprovecha esta característica del español, de ayuda a los demás, para hacer soldados.
Esperemos que ante algo tan inevitable, al menos el sistema provea de una verdadera capacitación al soldado para todas aquellas misiones que se le exijan. A día de hoy no existe esa preparación y se tendrá que efectuar un gran esfuerzo en dar a esas personas los conocimientos y preparación adecuados para esos trabajos al mismo tiempo que se les prepara como soldados. Si, parece una recarga exagerada pero así es como se está estableciendo.
Seguramente las remuneraciones de estos soldados, visto lo que se espera de ellos, no sean las más justas y esperemos que los que tienen que asignar la partida presupuestaria que según el Reglamento de Retribuciones irá a parar a los complementos que se prevén para estas especiales circunstancias, así lo tengan en presente
Pero no son solamente la preparación y las remuneraciones, los aspectos fundamentales en este viaje que pueden emprender estos jóvenes, también es necesario no obviar que ya que se espera un paso corto de muchos de ellos por el ejército necesitarán de plenas garantías para una integración laboral en el mundo civil con un reconocimiento de los conocimientos adquiridos durante su servicio en las Fuerzas Armadas.
También es necesario abordar una revisión de la estructura disciplinaria y penal que equipare los derechos de los miembros de las Fuerzas Armadas con los del resto de la ciudadanía, sobretodo cuando se están contemplando actuaciones y ámbitos laborales tan lejanos de los campos de batalla y tan cercanos a la vida civil. Sino es así ese viaje continuará minado por la injusticia y la indefensión. A ello cabe añadir una efectiva implantación de un sistema que garantice una conciliación de la vida profesional y familiar atendiendo a las especiales condiciones de las situaciones de desplazamiento del soldado por misiones tanto en el área nacional como en el extranjero. Las políticas de seguridad e higiene en el trabajo deben de dejar de estar reñidas con la condición de militar y, ante las nuevas expectativas de esas nuevas misiones, más que nunca han de empezar a ser contempladas para el seno de las Fuerzas Armadas y ser activas como en el resto de los distintos ámbitos laborales.
No se ha sabido preparar un viaje con un tren de una sola vía y distintas estaciones. Lo que nuestros soldados encuentran en la estación de partida es un tren con diversos vagones en una vía con distintos destinos, todos ellos inciertos. Sin billete para un destino, una vez en él, dependiendo de que impresión le cause al revisor este le asignará el vagón para su destino.